Reconstrucción del PAN

Solo por unos momentos imaginemos que hay un partido político que dedica su tiempo y su esfuerzo a defender las mejores causas ciudadanas, en la práctica y no solo con retórica. Digamos por ejemplo que ese partido señala las cosas que deben cambiar y propone soluciones puntuales, que cuando afirma prueba su dicho, que busca consensos pero cuando debe disentir lo hace y se explica.

Imaginemos que existe un partido que tiene en su agenda defender las libertades individuales y la democracia, y además está dispuesto a ceder privilegios como partido para que los ciudadanos se empoderen. Pensemos que tiene una sólida línea de promoción de la transparencia, combate de la corrupción y rendición de cuentas. Que es su prioridad proponer y llevar a cabo política públicas que mejoren la calidad de vida y permitan la superación real de la pobreza. Que no pactara con el crimen, que buscará que la lucha contra la inseguridad sea un tema de estado y que promoverá la paz.

En este partido sus liderazgos tienen diferencias y compiten entre sí, pero jamás se insultan ni descalifican, es más ese partido habla poco de sus temas internos y mucho de los asuntos públicos. Tiene democracia interna, procedimientos ciertos y una sólida institucionalidad.

Si usted que me lee, piensa que persigo una quimera, probablemente tenga razón, pero este ideal ciudadano de partido no es una novedad. Manuel Gómez Morín lo tuvo y fundo al Partido Acción Nacional que en la oposición se mantuvo virtuoso durante décadas y en el ejercicio del poder tuvo numerosas luces, si bien sucumbió ante sombras. Hubo un tiempo en que el PAN se ajustaba al ideal ciudadano de partido político: con identidad, con proyecto, con institucionalidad, demócrata, ciudadano.

Los años del gobierno, la intensidad de la competencia electoral, la mezquina dinámica de la actividad política, la pérdida de referentes lo han sacudido y desorganizado, pero su esencia está viva y presente como si fueran piezas de conjunto que se ha desarticulado, desarmado. Por eso creo que el proceso que debe emprender el PAN es el de reconstrucción.

Cuando se reconstruye no se empieza de cero, se deja en pie lo que es bueno, se vuelven a poner en su lugar las cosas que se han desacomodado, se rescatan piezas que se creían perdidas, se recupera lo mejor de la vieja construcción, se corrigen los errores, se refuerzan los puntos débiles, se incluyen cosas nuevas de acuerdo a las necesidades y se piensa en el futuro.

El camino de Acción Nacional no es un simple regreso al pasado, pues una de las explicaciones de la crisis en que se encuentra es que no acabamos de superar el desajuste que supuso la transición democrática y la alternancia tras las cuales la gran división política no es entre autoritarios y demócratas, sino múltiples divisiones en torno a temas más cotidianos. Hay cosas que no volverán y se requieren nuevas aptitudes e ideas.

Pero tampoco puede el PAN trazar su futuro sin asumir que perdió identidad en los últimos años y que al desdibujarse dejó de ser atractivo para muchos ciudadanos, a los que si quiere recuperar les debe ofrecer de nuevo sus atributos originales adaptados a las nuevas realidades.

Por eso me atrevo a proponerles a los panistas un proceso que tenga un pie en la recuperación de lo mejor de nuestro pasado y el otro en la adaptación a este presente que ha alcanzado el futuro. Y a los ciudadanos que no militan en Acción Nacional, a los que pueda interesar un partido como el que traté de imaginar líneas arriba los invito a que lo construyan con nosotros para sí y para México.

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