100 días de narrativa perfecta

El gobierno de Enrique Peña llegó a su centésimo día y como se ha hecho costumbre – en esta ocasión impulsado desde Los Pinos – se realiza en la opinión pública un primer recuento de avances y retos enfrentados. Es novedad el bombo y platillo del evento que la Presidencia organizó para la ocasión, pero no sorpresa, pues la estrategia de Enrique Peña, desde su candidatura y durante su administración ha sido la de establecer sobre sí mismo la narrativa perfecta, y contar una historia requiere de sucesos que hilen su relato. Así la crítica rayana en el insulto de sus opositores, de que Peña es un producto de telenovela, es en realidad una de sus mayores virtudes como político, que se pone de nuevo de manifiesto: el nuevo gobierno articula hechos y acciones en un argumento que hace sentido en la opinión pública y se presenta así mismo como un gobierno eficaz.

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En 100 días Peña ha asumido el pleno control de su partido, sacado una reforma constitucional relativamente importante, logrado un consenso con las dirigencias de los partidos opositores y asestado un golpe mortal a uno de los íconos del corporativismo corrupto, además de lanzar incontables anuncios de lo que viene.

También ha sabido aprovechar la coyuntura. La Cruzada contra el Hambre simplemente aglutina los programas sociales ya existentes y les da un nombre nuevo, la pensión para adultos mayores aprovecha el 70 y + calderonista dotándolo de los recursos que los diputados priístas en la oposición le negaron, la reforma educativa aprovecha el ya existente Instituto de Evaluación Educativa y el Acuerdo por la Calidad Educativa. Más claro es este sentido de oportunidad en el contexto internacional, que ha sabido aprovechar los vientos favorables a México, que tras años de buenas políticas económicas y activa diplomacia con los organismos multilaterales hoy cosecha elogios y comparaciones favorables frente a un mundo en crisis y que el gobierno de Peña ha sabido capitalizar como logros.

En lo político el viento también le ha sido favorable. La oposición está extraviada. El PAN no supera la derrota y se encamina apenas a tocar fondo. El PRD y la izquierda viven un cisma, fruto del cual unos se radicalizan y se aíslan, y los otros se desdibujan y se confunden. Madero y Zambrano, incapaces de aglutinar a sus respectivos partidos y de articular un discurso opositor coherente, aferrados al Pacto por México como balsa de salvación, compiten para ver quien colabora más con el gobierno priísta y disputan, en donde nadie los ve ni los escucha, la paternidad de los logros que Peña Nieto registra ante la opinión pública.

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Decía Goethe que la claridad es una adecuada distribución de luz y de sombra. Y este último elemento ha sido también hábilmente usado por el nuevo gobierno. La agilidad para cerrar el caso Monex, la ofensiva contra el IFAI, la rápida limpieza de la explosión en Pemex, la desaparición de la agenda mediática de la violencia asociada al crimen organizado y sus muertos, la escalada de policías comunitarias, la crítica de las victimas de la delincuencia (excepto del señor Sicilia) no han prosperado en las primeras planas ni forman parte del balance que se hace en el tono y con la agenda hábilmente impulsada desde Los Pinos.

Sería injusto no reconocer que el gobierno federal encabezado por Peña ha logrado cosas importantes y valiosas para el país, guardadas las proporciones para el tiempo transcurrido, pero la idea central de este texto es poner de manifiesto que el gobierno de Peña está enfocado en construir una historia perfecta ante la opinión pública y por 100 días (y una campaña) lo ha logrado.

En la célebre carta que Quinto Cicerón le escribe a su hermano Marco Tulio, y que es el primer manual de campaña de la historia, le dice que una campaña electoral, y que desde el gobierno es permanente, debe ser “un gran espectáculo popular, con la mayor brillantez, esplendor y despliegue de medios que esté a tu alcance (…) todo el esfuerzo (…) debe dirigirse a demostrar que eres la esperanza del Estado, pero evitando al máximo hablar de política”.

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Los operadores del PRI han repetido hasta la saciedad que la forma es fondo, y hoy el ejercicio del poder depende en gran medida de la percepción, por lo que se han especializado en moldearla. Lo que hasta hoy han logrado, la narrativa perfecta, puede no ser sustentable, a pesar de ser una de la líneas discursivas del domingo pasada, quedan muchos días por delante a este gobierno y la realidad es terca y poco maleable y en algún momento tendrán no solo que hablar de política, sino hacer política, gobernar y dar resultados. Llegará el día en que las percepciones no basten, y habrá que hacer otros cortes de caja.

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