El largo camino de la reforma educativa

No tengo nada contra que se reforme la política educativa en México. Por el contrario, considero que es una de las tareas más urgentes e importantes del estado porque sus ciclos son generacionales y porque las capacidades que la población adquiere a través de la educación son la base de contar con una fuerza laboral competitiva en el mundo actual y esa es la base de la generación de riqueza que permite mejorar la calidad de vida.

Me preocupan sin embargo, algunos aspectos de la forma en que el gobierno de Peña Nieto impulsa esta reforma y que al agotarse su rentabilidad política, se agoten los recursos que a ella se destinan y todo siga igual.

Primero, y acúsome de desviación profesional, esta manía mexicana de poner todo en la Constitución me parece perniciosa. La Constitución más reputada del mundo, la Norteamericana tiene apenas 4188 palabras (sin enmiendas) mientras que la sola publicación de las reformas a los artículos 3 y 73 de nuestra Constitución (lo que llamamos reforma educativa) tiene 2584 (61.7% de aquella). Ya entrados en curiosidades toda la Constitución Mexicana tiene 80803 palabras, es decir 20 veces la Norteamericana, sin ser por ello 20 veces mejor.

La extensión sería lo de menos, pero quizá, salvo la un tanto petulante afirmación que la educación en México será de calidad (además de democrática, nacional y de contribuir a la mejora convivencia humana) no hay nada en ese texto que no pudiera formar parte de una ley general expedida por el Congreso de la Unión. En especial la elevación a rango de órgano autónomo es discutible. Estas entidades son desde los años noventa (en México) una moda fundada en la desconfianza del gobierno, es decir, si algo es muy importante, decidimos que no lo debe hacer el gobierno, sino un conjunto de ciudadanos impolutos. Sin embargo, la experiencia de un par de décadas de vida de algunos de estos entes, nos han mostrado que no están exentos de problemas y conflictos de interés. La naturaleza del poder y la naturaleza humana se imponen. Y al final ¿cuál es la diferencia real entre el INEE que funciona como organismo descentralizado desde 2002 y el INEE recargado con facultades constitucionales?

El problema educativo en nuestro país no es el texto de la ley, como la aplicación de la ley. Para empezar, en cuanto al texto de la ley, falta mucho camino por andar para que lleguemos al mundo rosa que nos pinta la propaganda de Los Pinos. Debe aprobarse la ley general, que posiblemente implique modificar las leyes de las entidades federativas, y entonces vendrá la parte difícil.

Las actuales leyes de educación no autorizan que los maestros se ausenten hasta la mitad de los días de clase, que hereden su plaza o que tengan más de una y que haya hasta miles de comisionados a un sindicato. Y ocurre. Los primeros antecedentes de evaluación de los maestros se remontan a los años 70, antes de que nacieran muchos de los diputados que votaron la evaluación en la Constitución. Y ésta no ha servido. Si se aplicara cualquier ley al sector tendríamos una mejoría, y podemos traer la ley de Singapur a México y sin aplicarla seguiremos igual.

El tema educativo es financiero y central en las relaciones hacendarias entre la Federación y los estados, desde 1992, los estados gastan y la Federación paga, el problema es cuando como en Michoacán, el estado gasta más de lo que recibe. Los privilegios laborales del gremio están intactos aun tras la reforma y la carga financiera tenderá a incrementar.

Pero el obstáculo principal en el camino es sin duda sindical y político. La CNTE y el SNTE son dos poderosos grupos de presión que han obtenido incontables privilegios asociándose con partidos y gobernantes de todo color. Hoy que se sienten atacados, se preparan para defenderse. Mientras que el SNTE. Más grande pero menos beligerante aun no se repone del descabezamiento de su lideresa, la CNTE, siempre radical se moviliza y se desliza cada vez más allá de los límites de la legalidad en su movimiento. Para muestra un botón: en Guerrero la CETEG se ha unido con algunos de los “grupos de autodefensa” y ya se escuchan expresiones como “esperamos que no sea necesario recurrir a las armas”.

Peña Nieto decidió que la reforma educativa sería su punto de partida en la ruta de las reformas estructurales, creo que acertadamente, pues es la de menor disenso entre los partidos y muy sensible en la población. Permite mandar el mensaje de que el Pacto por México funciona y que sí es posible hacer reformas. También creo decidieron empezar por allí porque es la reforma cuya implementación llevará más tiempo y requerirá mayor esfuerzo. Su salida fue sencilla, pero su tránsito será accidentado y tortuoso. Apenas unos meses después ya el gobierno enfrenta resistencias superiores a las que estimaba. De todo corazón deseo que esto no sea motivo para abandonar el largo camino que tienen por delante. Persevere señor Presidente.

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