¿Legalizar la mariguana?

Diversas noticias sobre la legalización de la mariguana en  Estados Unidos – en Colorado se firmó la ley estatal que reglamenta su venta y uso en 2014 y el gobernador de Nueva York presentó ante la legislatura estatal una iniciativa para reducir las sanciones e incrementar las dosis que no son penalizadas – y la declaración de Vicente Fox, en su más puro estilo, de que el podría dedicarse a producir la yerba si esta fuera legal, trajeron consigo otro capítulo mediático de este debate, que lleva ya mucho tiempo.

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El gobierno mexicano ha dicho con toda claridad que no legalizará el uso de la mariguana, sin embargo los expresidentes Fox y Zedillo se han manifestado, cada quien a su manera y guardando las diferencias, por revisar la política prohibicionista que con los Estados Unidos a la cabeza aplican la mayoría de los países del mundo. Incluso el expresidente Calderón llegó a señalar que si los Estados Unidos no pueden controlar las consecuencias del tráfico de drogas, especialmente las armas y el dinero, deberían analizar una alternativa de mercado.

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El debate del tema sin duda es relevante pero especialmente en el momento en que vivimos en México, en que la violencia asociada a los cárteles que trafican con drogas ha conocido niveles altísimos, debemos separar dos aristas de esta discusión para ser precisos. Por una parte está la visión de levantar la prohibición del comercio de mariguana como un asunto de salud pública y el reclamo de que ingerir esta – y otras – sustancias debiera estar dentro de la esfera de libertades individuales y que el estado nada tendría que hacer al respecto, como el tabaco y alcohol, que a pesar de impuestos y restricciones su consumo no está criminalizado.

Si bien el reclamo es atendible, y efectivamente los daños a la salud que causa la mariguana son incluso menores que los que provoca el alcohol y que no existe evidencia suficiente para afirmar que la política de prohibición previene el consumo, hay que ir con cuidado. Apenas seremos testigos de lo que ocurre en algunos estados de la Unión Americana cuando se libere en forma general el consumo recreativo y eso nos permitirá normar mejor nuestro criterio. Sin embargo, sí hay dos datos que vienen al caso: en los estados norteamericanos donde la mariguana es legal con fines terapéuticos, la incidencia de pacientes con sobredosis es mayor. Por otro lado en los países europeos la tendencia de consumir mariguana – e incluso cocaína – va a la baja mientras que el consumo de drogas más “duras” está a la alza.

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Por otro lado están quienes sugieren que debiera despenalizarse el uso de la mariguana como parte de la estrategia de lucha contra el crimen organizado, pues se le arrebataría una fuente de ingresos y se reduciría su poder, facilitándose su combate. Esta sí que es una dulce mentira, una falacia, un pretexto para no enfrentar la dura realidad que plantean la situación de seguridad en México y buena parte de Latinoamérica.

Para empezar hay una tendencia a inflar los datos de la producción de mariguana – se ha dicho que México produce 21 mil toneladas al año o que los Estados Unidos producen diez mil, cuando el mercado anual estadounidense no pasa de 5000 toneladas al año en total – y de las cantidades de dinero que genera su comercio – se ha señalado que la venta al menudeo en el mercado mexicano valdría casi 8000 MDD o que California solamente representaría catorce mil MDD cuando la realidad es que el primero valdría para todas las drogas apenas 1.4 MMDD y la cifra de California se basa en el mito de una producción de diez mil toneladas.

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Esta tendencia se explica porque a las agencias gubernamentales les favorece incrementar los números de la economía de la droga para resaltar su importancia, en tanto que a quienes abogan por la liberalización les permite hacer cuentas alegres de los beneficios que tendría esto para la economía formal.

Por consecuencia, siendo menores las ganancias derivadas de la mariguana de las que las estimaciones que se hacen con cierta frecuencia y quedando aún negocios tan lucrativos como la cocaína y las drogas sintéticas, la teoría de que los cárteles se debilitarían pierde fuerza, además los delincuentes que militan en estas organizaciones es poco probable que abandonaran la actividad criminal para  dedicarse a actividades lícitas por la desaparición del trasiego ilegal de la mariguana. La experiencia nos demuestra que estos individuos son residuales a la actividad criminal, si un delito deja de ser lucrativo se dedican a otra actividad también criminal para sustituir sus ingresos. En parte, la mayor complejidad en el trasiego de droga explica el incremento en secuestros y extorsiones en nuestro país.

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Pero la principal razón por la que el problema del crimen organizado no se resolvería con la legalización de la mariguana, es que estas organizaciones  surgieron en México por la debilidad del Estado, por la incapacidad de aplicar la ley en todo el territorio, por la proclividad a la corrupción del gobierno y por la tolerancia social a la delincuencia. Esos son los problemas de fondo que debemos enfrentar, que desde el sexenio pasado se empezaron a enfrentar y en lo que no debe haber marcha atrás.

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