El impacto político de la reforma energética

Kramer vs. Kramer o Cárdenas vs. Cárdenas, podríamos llamar al episodio de los días pasados en la opinión pública pues con la estrategia elegida por el gobierno de Peña Nieto para defender su propuesta de reforma energética, al igual que en aquella celebrada cinta de 1979, se disputa la custodia de un hijo: la soberanía petrolera. Por un lado la invocación priísta de uno de sus artífices, creador de los sectores del partido y precursor del moderno presidencialismo y hasta la ruptura en los años 80 tótem del partidazo. Por el otro lado, el hijo del General invocado, el líder olvidado y rescatado tras la partida de AMLO, el de la ruptura con Salinas, el histórico defensor del petróleo por herencia y por gesta propia.

El equipo de Peña sin duda experto en manejar la opinión pública, sembró con su alusión cardenista una vacuna contra el liderazgo de Cuauhtémoc encabezando la resistencia del PRD y envía un mensaje directo a ese más de 60% de mexicanos que rechazan la “privatización” (lo que sea que quiera decir) para que (quizá contradictoriamente) en otra encuesta un equiparable más de 60% apruebe su propuesta de reforma (con poquísimo o ningún conocimiento) en sólo unas semanas.

Pero la posición del PRD le resulta completamente favorable al gobierno de Peña, con lo cual la hipótesis de que el Pacto por México sobrevivirá al desacuerdo de la Reforma Energética toma fuerza. La oposición a la reforma propuesta realizando consultas, planteando una iniciativa alterna, votando en contra en los órganos legislativos y hasta la propuesta de un referéndum revocatorio en el 2015 permite procesar el acuerdo institucionalmente frente a la protesta callejera y de absoluto rechazo que plantean AMLO y su Morena. Esto beneficia a ambos actores, pues el gobierno saca su reforma y el PRD se diferencia de su antiguo candidato (se quita la imagen de rijoso y negativo) con quien se disputara los votos de la izquierda en las elecciones del 2015.

El PAN por su parte, al presentar su iniciativa primero, tuvo su momentum, que se ha agotado tras la presentación de la iniciativa presidencial. Sin embargo, su posición favorable a modificar la Constitución le dará un nuevo periodo de protagonismo cuando la discusión parlamentaria se realice, y además obtendrá si no todos los cambios que desea en materia política, algunas modificaciones sustanciales al diseño institucional del país tendientes a limitar la influencia de los gobiernos, especialmente de los gobernadores, en los procesos electorales.

La reforma energética es indispensable para el país por una sola razón: no tenemos ni el dinero ni la tecnología para extraer el petróleo y el gas natural que ciertamente tenemos en abundancia. El dinero lo podemos obtener trayendo capitales privados del extranjero o prescindiendo de uno de cada tres pesos del gasto público de todo el país. La tecnología sólo podemos adquirirla de otras empresas, Pemex tardaría demasiado en desarrollarla, probablemente hasta 30 años, contra los aproximadamente 10 años que tomaría alcanzar la explotación plena de los yacimientos con la intervención de contratistas.

El PRI pagará la mezquindad de haberle negado a Calderón la reforma energética en el 2008 pues no podrá cosechar en este sexenio, más que una parte magra de los frutos económicos y de gasto público disponible que propiciará la reforma. Serán las administraciones siguientes, especialmente a partir del 2025, los que se beneficiarán más de lo que hoy se está reformando. Esto debería alentarnos, pues representa un caso extraño que la clase política, o una parte de ella, sea capaz de ver ya no digamos a más de una década de distancia, sino más allá de la siguiente elección.

La reforma constitucional quedará aprobada antes de terminar el año, pero las leyes secundarias tardarán un poco más. También vendrá la propuesta de reforma hacendaria, la cual someterá nuevamente al país, a los actores políticos y al Pacto por México a una enorme tensión. Lo previsible es que el Presidente Peña proponga básicamente lo que su partido le negó primero a Fox y luego a Calderón: IVA generalizado, lo cual también sería bueno para la economía y las finanzas públicas.

Pero la ruta política aun no puede considerarse despejada –literalmente – pues López Obrador no abandonará la escena tan fácilmente y estas reformas han sido sus banderas durante largos años. Y para engrosar su movimiento cuenta con movimientos radicales como la CNTE que sigue en pie de guerra contra la reforma educativa cuyas leyes secundarias no se han expedido y los sindicatos que buscan reivindicación por la aprobación de la reforma laboral en los últimos meses del gobierno de Calderón.

El peor subproducto de todo este conflicto es que, como en el 2012, las posiciones se polaricen en torno a AMLO y Peña Nieto, borrando a los moderados de izquierda (PRD) y a la derecha liberal democrática que se encuentra en un ala del PAN, lo que llevaría a una elección intermedia en el 2015 muy conflictiva y a la integración de un Congreso menos proclive a los acuerdos para la segunda mitad del sexenio.

Esto explica porque todos los actores tienen prisa, por que se firmó el Pacto, por que se ha mantenido y puede mantenerse en el mediano plazo. Más que la habilidad que presumen los operadores del PRI, vivimos a pesar de todo una alineación de intereses de los actores hacia la moderación y el consenso, una pequeña ventana que no se presentaba desde mediados de los años 90 y que esperemos se aproveche al máximo antes de que nuevamente domine el sonido de los tambores de guerra.

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