Para no olvidar: La hora más oscura

Hace ya 5 años en la mitad de los festejos patrios nos vimos interrumpidos por una violenta pesadilla. Durante la ceremonia del Grito de Independencia alguien había echo estallar un par de granadas en la repleta Plaza Melchor Ocampo. Aun con el dolor y el miedo, escribí al día siguiente este post, en un blog que fue menos duradero que éste. Lo comparto para no olvidar.

La hora más oscura

16 de septiembre de 2008

Hay aconteciemientos que se inscriben en la infamia. Y eso se sabe en cuanto ocurren. Son tan demoledoramente dolorosos que no queda duda posible. La noche de ayer ocurrió uno de esos hechos. Las granadas del 15 de septiembre en la ceremonia del Grito de Independencia estallaron justo en nuestro corazón. En nuestro corazón cívico, político y humano, porque la plaza Melchor Ocampo es La Plaza Pública de nuestra ciudad y nuestro estado, porque la celebración del Grito es en la que el panteón patrio se une al orgullo y la alegría popular, porque es el primer Grito del gobierno actual, porque ésta es la ciudad natal del Presidente, porque en Michoacán inició el combate frontal a la delincuencia organizada, porque quienes murieron ayer son las víctimas más inocentes. El golpe fue artero y calculado, premeditado y alevozo. El aterrador pensamiento de que éste sea el primer día de una nueva forma de lucha de la delincuencia contra la sociedad flota en el ambiente. La fórmula colombiana de narcotráfico + terrorismo.

La hora más oscura de la noche es la más cercana al alba. Hoy como nunca quiero creerlo. También quiero creer en que el terror no nos vencerá, en que actos detestables como el de anoche nos unirán y fortalecerán en la construcción de una sociedad que no tolere la violencia ni la corrupción que están en la raíz de estos hechos. Quiero creer en que estos actos infames no serán motivo para que nadie obtenga raja política, sino la ocasión de reflexionar sobre lo hecho hasta ahora, para aprender y enmendar, pero ante todo para reforzar una convicción: que no hay otro camino. A una delincuencia capaz de masacrar inocentes para provocar el terror y el desorden no se le puede dar tregua ni cuartel. Hoy, en esta nuestra hora más oscura, la decisión de enfrentar con toda la fuerza del Estado a la delincuencia, parece la única luz en nuestro firmamento. 

Elevemos una plegaria por las víctimas inocentes.

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