Matemáticas políticas: la reforma fiscal

Por primera vez en lo que va del sexenio de Peña Nieto, y excepcionalmente en la historia de las coaliciones legislativas en México, el PRI y el PRD unieron fuerzas para aprobar una miscelánea fiscal que dista mucho de ser una reforma hacendaria, con la oposición del PAN y también la de López Obrador a través del PT y el Movimiento Ciudadano. Las preguntas a contestar son: ¿Por qué cada uno de estos actores se comportó así? ¿Qué gana y qué pierde cada involucrado? ¿Cómo queda la relación política y en específico el Pacto por México? ¿Qué sigue?

Empecemos por el PRI. La obviedad es su deseo de contar con más recursos para ejercer desde el Gobierno Federal. También el presumir que ha triunfado donde los gobiernos panistas fracasaron al impulsar una reforma hacendaria y mantener el discurso de mover a México. La ganancia en recaudación es magra: 200 MMDP, apenas poco más de un punto del PIB, si todo sale bien (que nunca sale) más el preocupante tema del déficit presupuestal que es de aproximadamente 300 MMDP equivalente a 1.4% del PIB. Más deuda pública que recaudación y la mayor en más de 20 años.

El PRI esquivó el tema de IVA en alimentos y medicinas y revocó el IDE y el IETU, con lo que cambia la dirección de la política fiscal que apuntaba a cobrarle impuestos a los informales y aumentar la base de contribuyentes. Lo políticamente relevante de la reforma es que el PRI le da la espalda a las clases medias urbanas y al sector productivo, en quienes se apoyó para regresar a la Presidencia de la República y obtener victorias significativas en ciudades grandes y medias y las gubernaturas de los estados donde se asienta gran parte de la planta productiva. Por supuesto que la apuesta es mitigar los efectos negativos con gasto público a lo largo de 2014 y un poco de desmemoria de la sociedad.

El PRD siempre se ha apoyado en sectores populares, urbanos y rurales, que se benefician de la informalidad y que no tributan impuestos directos. Por eso se ha opuesto a las reformas que han pretendido gravar la actividad económica de quienes tradicionalmente no pagan impuestos. Los sectores corporativos sindicales están en su mayoría protegidos por contratos colectivos que compensan el pago de Impuesto sobre la Renta a los asalariados. La única preocupación del PRD en torno a la desaparición del Régimen de Pequeños Contribuyentes fue que el DF dejaría de recaudar 400 MDP. Una vez que los perredistas incrementaron jugosamente la tajada de recursos destinados al gobierno del Distrito Federal, que claramente ha dejado de ser aliado de AMLO y que requiere recursos para la disputa interna y para ir a las urnas en su contra en el 2015, el asunto se zanjó.

AMLO se opone por posición política antirrégimen. Nada que proponga EPN contará con el visto bueno de quien fuera su competidor principal en el 2012. Además, sus adversarios en la búsqueda de los votos de la izquierda en el 2015, el PRD de “los Chuchos”, se han beneficiado al llevar recursos al Distrito Federal, que a diferencia de cuando gobernaba Marcelo Ebrard ha dejado de estar a su servicio, por lo que Morena no gana nada en el trueque.

La oposición del PAN es legítima. Su visión de la política fiscal es ampliar la base de contribuyentes. Esto despertó la ira de otros sectores sociales cuando se propuso la universalidad del impuesto al consumo, y medidas de control como el IETU no le granjearon simpatías. Ahora sin embargo, está usando el tema para recuperar terreno perdido en municipios y estados con clases medias y sectores empresariales dinámicos, con lo que se está reposicionando favorablemente. Al interior Gustavo Madero no pudo darse el lujo de aprobar ni siquiera parcialmente la propuesta del Ejecutivo, pues hubiera dejado la bandera en manos de Ernesto Cordero y Josefina Vázquez en la contienda por la Presidencia de ese partido. Así se decantó la oposición tajante de todos los actores panistas.

Finalmente el Pacto por México parece caminar lentamente hacia su fin. Luego de tres reformas unánimes en materia educativa, financiera y de telecomunicaciones, el aclamado instrumento ha sido insuficiente para generar el consenso en torno al tema fiscal. Lo mismo ocurrirá en materia energética, donde incluso la viabilidad de la reforma es incierta, pues el PRD ya ha anunciado su rechazo y un ala del PAN querrá cobrar la derrota infligida en el tema hacendario. La reforma política avanza con lentitud y aun cuando es moneda de cambio, enfrentará poderosas resistencias en el PRI. Después de eso, no habrá más que pactar.

Como sucede cada inicio de gobierno, el bono del ganador tarde o temprano se agota. Parece que esto ocurre cada vez más rápido, pues las victorias de los presidentes han sido cada vez más cuestionadas. EPN ha agotado sus bonos y hemos visto ya los alcances de su agenda reformadora. El tono y rumbo del sexenio están ya marcados. La siguiente parada es en el 2015.

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