Malos tiempos

Perdónenme el pesimismo pero en Michoacán llueve sobre mojado. Dos grandes crisis han asolado el estado durante casi dos años – justamente tras la elección local del 2011 – y el panorama que tenemos delante es poco halagüeño, pues el principal actor para enfrentar los problemas de nuestro estado está él mismo, inmerso en una crisis que lo paraliza de arriba a abajo. Permítanme documentar mi pesimismo.

En el frente económico Michoacán vive malos tiempos principalmente porque los motores tradicionales de su economía se han desacelerado. ¿Cuáles son? Por una parte las remesas que envían los numerosos michoacanos que se encuentran en los Estados Unidos, que se han visto reducidas por la crisis económica que enfrenta el vecino del Norte y que no está superada. Otro más el turismo, que entre el mal estado de la economía nacional y la escalada de la violencia local se ha frenado. Un tercer componente es el gasto público. En una entidad que carece de una planta productiva importante, la obra pública y las compras de gobierno constituyen una fuente de ingresos para muchos, que debido a la crisis financiera que el gobierno de Leonel Godoy heredó y que Fausto Vallejo no ha podido superar, se han visto seriamente afectados.

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La agroindustria que es una poderosa palanca de desarrollo en Michoacán vive buenos tiempos a pesar de sufrir cotidianamente el flagelo de la extorsión a manos de la delincuencia organizada. Esto se nota en algunas regiones del estado en que la crisis económica ha sido menos intensa. Pasemos al segundo frente: la seguridad.

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La Tierra Caliente siempre ha sido una región con mayores índices de violencia y delictivos que el promedio del estado. Sin embargo ante la indolencia gubernamental los cárteles dedicados al tráfico de drogas echaron fuertes raíces y se apoderaron del territorio. El gobierno de Felipe Calderón emprendió el combate de estos grupos con claroscuros en la forma y mixtos en el resultado. A la llegada del gobierno de Enrique Peña hubo un repliegue de las fuerzas federales que desató una situación sin precedentes: la aparición de “guardias comunitarias” grupos aparentemente de los pobladores de la región cansados de los abusos de la delincuencia, pero que no han podido explicar el origen de sus armas y cierta conexión con grupos delictivos rivales del cártel local.

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El fin de semana pasado sufrimos en el estado un nuevo nivel de violencia de la delincuencia: ataques a instalaciones estratégicas como son las subestaciones eléctricas de la CFE  y que resultaron en apagones que afectaron a medio millón de personas. Al tiempo que en Apatzingán se disparaba y se lanzaban gradas contra una marcha de los llamados “guardias comunitarios” desarmados en esa localidad (esto había ocurrido ya en Los Reyes). Apenas unos días antes habían aparecido mantas amenazando al gobierno estatal que si no tomaba acciones contra los guardias comunitarios, el pueblo se levantaría.

Tenemos que recordar que Los Caballeros Templarios son una organización peculiar, que a diferencia de otros cárteles tiene una ideología y pretende controlar a las autoridades del territorio donde están establecidos e influir en las decisiones gubernamentales, sin que haya claridad hasta donde han sido exitosos en muchos casos.

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La noticia más desagradable es que mientras esto ocurre y afecta la vida de millones de michoacanos, en el gobierno estatal y el partido del que emanó el gobernador hay una sorda disputa por el poder. Fausto Vallejo, enfermo y en condiciones de total opacidad sobre su salud, lanza una agresiva estrategia para retomar su cargo y deshacerse de quien fuera su remplazo, colaborador en la Secretaría de Gobierno y aliado en campaña, Jesús Reyna. Las formas y los comedimientos se han dejado para después y se echa mano de filtraciones, rumores y descalificaciones.

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Esto no tendría mayor relevancia para el ciudadano común, si no hubiera cuestiones como que no tenemos un Secretario de Finanzas o un Procurador de Justicia, y que por ello los temas prioritarios del Estado, como la reestructuración de la deuda pública que inyectaría varios miles de millones de pesos, están detenidos. O que ante los ataques de la madrugada del domingo la reacción gubernamental se dio 36 horas después mediante comunicados de prensa. Es explicable que los priístas no estén gobernando, están ocupados disputándose el gobierno. Pero es inmoral e intolerable.

A las malas noticias sume usted la reforma hacendaria que gravará con IVA a los productores del campo, el motor económico que aun estaba encendido y el golpe a los pequeños contribuyentes que va a generar mayor informalidad en la economía. Por supuesto las marchas y plantones de la CNTE y los normalistas continuarán, a la par de sus exigencias de dinero público para financiar sus movimientos, que también son parte de la disputa por el poder local y que no serán enfrentados en este contexto.

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Del PRI que prometió respeto para Michoacán no lo hemos recibido. La esperanza es la sociedad civil que pueda organizarse para exigir resultados, y en la rendición de cuentas cambiar el rumbo del Estado. La ciudadanía, como colectivo y como valor es lo único que puede sacarnos de estos malos tiempos.

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