Las dos muertes de Nazario Moreno

En la madrugada del domingo elementos de un grupo de élite de la Marina Mexicana dieron muerte en un tiroteo en el municipio de Tumbiscatío a Nazario Moreno, fundador de “La Familia Michoacana” y según los reportes posteriores a su muerte, líder de “Los Caballeros Templarios”. Los hechos se hicieron públicos oficialmente una vez que el cadáver estuvo en Apatzingán y que se cotejaron las huellas dactilares con las que el gobierno norteamericano había tomado a Nazario en 1994 tras arrestarlo por traficar mariguana. Además de lo significativo del hecho de abatir a un delincuente sanguinario y peligroso, destacaba el hecho de que Nazario Moreno había sido considerado muerto en diciembre de 2010 en un enfrentamiento en la comunidad de Holanda en Apatzingán.

La nota fue una bomba política que desató incluso las más ruines acusaciones contra el Presidente Calderón y sus colaboradores. Una de ellas casi inverosímil, del hijo homónimo del Gobernador Fausto Vallejo que le acusó de pactar con la delincuencia organizada a través de su cuenta de Twitter. Otras voces más racionales pidieron explicaciones y criticaron el hecho, lo cual sin duda es necesario. Para que el caso sirva a fortalecer al gobierno mexicano es necesario que no se convierta en un linchamiento político y se ponga en su justa dimensión el hecho.

Cuando en el mes de diciembre de 2010 Nazario Moreno fue abatido, pero no muerto por la Policía Federal, lideraba “La Familia Michoacana” principal organización criminal de Michoacán y con la que el Gobierno Federal batallaba por recuperar el control de la Tierra Caliente, la sierra y la costa del Estado. Los operativos realizados en ese tiempo fueron fundamentales para recuperar territorios y para desarticular buena parte de las operaciones del cartel. Es indudable que Nazario Moreno resultó herido en el enfrentamiento en que se le dio por muerto y que perdió el control de la organización, lo que derivó en una disputa interna entre sus fieles y la facción de Jesús Méndez Vargas.

Las organizaciones criminales funcionan con estricta racionalidad. Son negocios. A los delincuentes no les gusta perder dinero, y nada hay más costoso que una disputa entre sicarios por el control de una organización. Nazario Moreno no hubiera permitido la escisión de Méndez Vargas de controlar el cartel, pues ésta costo recursos de todo tipo. Solo tras la captura de un disminuido Méndez, se hizo pública en la figura de Servando Gómez, la fundación de “Los Caballeros Templarios”, cuyo nombre alude precisamente a una organización que fue arrasada por el poder papal y su mítico líder ejecutado.

Nada ganaba el Gobierno Federal en la administración de Felipe Calderón con mentir. Usó información que le pareció confiable, generada por los mismos organismos de inteligencia que permitieron a esta administración la identificación del objetivo, la operación que pretendía capturarlo y que concluyó con el enfrentamiento y su muerte. El PRI gana ahora la posibilidad de desprestigiar a un opositor, pero se equivoca al volver a convertir la lucha contra la delincuencia en una arena política.

Tampoco podemos pasar por alto que las fuerzas que hoy usa el gobierno de Peña Nieto para combatir el crimen fueron creadas durante los gobiernos panistas que sus correligionarios denuestan.  La Policía Federal se fortaleció en número de elementos y capacidades con la administración de Calderón, con el concurso de funcionarios que siguen en el equipo de Peña. El más destacado quizá, es el propio Monte Alejandro Rubido que informó que Nazario Moreno había muerto y que el sexenio pasado ocupó la Subsecretaría de Prevención del Delito, la Secretaría Técnica del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la Secretaría General del Cisen.

La Marina se ha apuntado bajo el gobierno actual dos grandes logros: la detención de Joaquín Guzmán Loera y la muerte de Nazario Moreno. Pero en la administración pasada fueron las mismas fuerzas de élite de la Marina Armada de México las que acorralaron y dieron muerte a Heriberto Lazcano, Arturo Beltrán Leyva y Antonio Cárdenas Guillén por mencionar solo algunos. La Marina es la fuerza más eficaz en contra de los grandes capos del crimen organizado desde la pasada administración.

La muerte de Nazario Moreno nunca fue desmentida oficialmente hasta su muerte, los elementos para hacerla creíble fueron reforzados deliberadamente por la delincuencia, cuyo apelativo olvidamos con frecuencia: organizada. Y los hechos sirven para recordarnos que nuestros gobiernos deben perseverar en fortalecer sus capacidades contra el crimen y hacer de éste, un asunto de estado que se eleve sobre los fangos de la arena política y las mezquindades de unos cuantos.

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