El gobierno que merecemos

En esta sociedad de medios y celebridades, ganar un Oscar asegura la relevancia de tus opiniones políticas. Normalmente me resisto a ello, pero en esta ocasión el dicho del novel ganador ha desencadenado una reflexión que quiero compartir, “ruego porque podamos encontrar y construir el gobierno que merecemos” ha dicho al recibir la estatuilla Alejandro González Iñárritu.

Merecer es, en buen español, ser digno de premio o castigo, o bien en una expresión en desuso alcanzar o lograr algo que se intenta o desea. La expresión es de por sí ambigua, pues el sujeto son todos los mexicanos y por supuesto, por que no se dice cuáles son las cualidades que debiera tener el gobierno deseado. A esta confusión abonan los oportunismos: los que defienden al gobierno han dicho que ya estamos en eso y los que lo denuestan han dicho que merecemos algo diferente. Así que la retórica política del señor González Iñárritu es bastante más pobre que su cinematografía.

Pero ya que andamos en esto vale la pena reflexionar. El gobierno es obra humana y por lo tanto es ciertamente objeto de logro, de construcción. El problema gira más bien a en torno al sujeto, el nosotros, acaso el “pueblo” del proverbio español que reza que “Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”. Es decir, quizá el agregado sea verdad, el gobierno – especialmente en democracia – es resultado de la suma de la voluntad popular, primero expresada en las reglas de la integración de los órganos gubernamentales y la competencia política y finalmente como producto del voto mayoritario.

El problema es que el “nosotros”, el “pueblo” es plural, diverso, disperso incluso, sus opiniones tienden cada vez más a atomizarse y por eso cada vez son menos lo que creen merecer el gobierno que tenemos. En este punto radican muchos de los problemas de nuestro país. Aspiramos a la superación del conflicto y al éxito de un determinado proyecto a través del consenso o de la mayoría, pero cuando nos encontramos del lado de la minoría nuestro ánimo cambia, nos sentimos ultrajados por la imposición de políticas distintas a nuestro parecer y ya no aspiramos a la superación del conflicto, sino a su prolongación. Ya no queremos avance sino retroceso.

Las interpretaciones en torno a la declaración del laureado cineasta confirman esto. La indefinición sobre cuál es el gobierno que merecemos hace que en la afirmación quepa lo que sea. Esto no quiere decir que los mexicanos no sepamos lo que queremos. El consenso sobre la democracia, las libertades políticas y sociales, el respeto de los derechos humanos, la reducción de la desigualdad entre otros, pareciera ser claro, el cómo llegar a ello es mucho menos universal. Sin embargo, así son las democracias. En el autoritarismo se define una ruta y se impone, en la democracia hay que validarla a cada paso.

En conclusión yo sí creo que tenemos el gobierno que nos merecemos. Hasta ahora nadie ha tomado en serio la necesidad de una segunda vuelta electoral que obligue a que el presidente se elija por más de la mitad de los votos. Tampoco nos hemos tomado en serio el compromiso de votar, por eso nuestra participación electoral ronda apenas la mitad del electorado y aun hay voces que convocan a la abstención. Los partidos y sus representaciones parlamentarias son mal evaluados pero los esfuerzos por fundar partidos o movimientos distintos son incipientes. Nuestra participación en actividades políticas más allá de sufragar es aun más pobre y sobre nuestra decisión electoral aun influyen factores como la imagen del candidato en la tele o una dádiva.

Peña Nieto, Fausto Vallejo, Wilfrido Lázaro y todos los demás son producto de eso. Nos los merecemos. No me los merezco yo sólo, pero la sociedad en la que vivo sí, y yo soy parte de ella. Nos los merecemos porque lo que hemos hecho hasta ahora para cambiar las cosas es insuficiente o ineficaz. Pero no es momento de pesimismo ni para derrotarse. Si queremos un gobierno distinto, trabajemos no solo para llevar a la victoria electoral a una opción distinta, trabajemos para obligar a nuestras autoridades a cumplir y a darnos resultados. Con su perdón Don Alejandro, no es cosa de rogar, es cosa de participar.

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