Señor Presidente Peña:

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Aprovecho su visita a Morelia para dirigirme a usted a sabiendas de que mis palabras no lo alcanzarán, sólo aspiro a compartir con otros michoacanos algunas ideas y sentimientos que tenemos ante el difícil momento que vivimos. Viene usted a un estado atribulado, por segunda vez en los catorce meses de su administración y a esta ciudad por primera vez, ahora que hemos atravesado por una de las peores crisis de nuestra historia, nos hemos convertido en noticia mundial y en referente de violencia, crimen e ingobernabilidad. Eso usted ya lo sabe. Tomó una decisión drástica para intervenir, después de más de un año de indiferencia y tiene urgencia por cerrar un episodio negro de su breve administración, que quita lustre y brillo a su imagen.

Su presencia de hoy y su ausencia previa tienen la misma explicación: conveniencia política, rentabilidad electoral. Quienes hemos vivido en el medio político sabemos de eso. La difícil situación en Michoacán, la enfermedad de Fausto Vallejo, la agria disputa por el poder en el gobierno estatal, la abultada deuda, la parálisis gubernamental nos pusieron al fondo de la lista de prioridades, hasta que la violencia y el miedo nos llevaron a las ocho columnas y la abrupta caída de todo lo que huela a PRI en las encuestas locales encendió las alarmas en su despacho. Se tomaron medidas y hoy está aquí para cerrar un capítulo, para decirnos que usted y su dedicado equipo de funcionarios públicos y hasta el inexistente gobierno estatal, han hecho lo que debían y que ahora las cosas están y seguirán mejor, para poder dejarlo todo en manos de Alfredo Castillo y ocuparse de las prioridades de su gobierno.

Pero permítame poner en perspectiva todo esto que usted ya sabe: el problema no es que Michoacán hoy sea una excepción de violencia, ingobernabilidad y quiebra de las finanzas públicas, por no decir del gobierno mismo, el verdadero problema es que Michoacán, como ya ha ocurrido antes en la historia de México, anticipe el futuro y se convierta en regla general de violencia, crimen, ingobernabilidad y quiebra gubernamental en el resto del país. Digo esto, porque los ingredientes que llevaron al complejo y dramático caso michoacano no son extraños a la realidad del resto de México, y el principal catalizador de la crisis fue la indiferencia de su gobierno a un problema que llevaba gestándose largo tiempo. Conveniente indiferencia que tampoco ha sido excepcional en su estilo de gobernar.

Ya decía que quienes hemos participado de la política y del gobierno, así sea modestamente,  entendemos aquello de acomodarse a la coyuntura y hacer lo conveniente para lograr los fines, pero también sabemos que hay ocasiones en que el deber y la conveniencia caminan en sentidos opuestos, y hay que asumir la responsabilidad que acompaña al privilegio del encargo. Hay que hacer cosas que no darán aliados sino adversarios presentes y futuros, que no serán bien valoradas en la siguiente encuesta, que quizá lleven a perder elecciones. Y eso está claro que a usted y a sus colaboradores no les gusta, no están dispuestos a asumirlo, olvidando que es su deber.

Ya para concluir me permito compartirle unas cuantas ideas para afrontar la crisis en Michoacán aunque me temo que usted y su equipo caminarán exactamente en el sentido contrario:

No haga pactos ni firme acuerdos. Cumpla la ley y hágala cumplir.

No nombre comisionados, enviados, zares. Haga funcionar la estructura gubernamental a su cargo. No caiga en la trampa del caudillismo, no son las personas las que hacen la diferencia, son las instituciones. No necesitamos hombres fuertes, necesitamos gobiernos eficientes.

No haga espectaculares anuncios de dinero e inversión. Nos conformamos con lo que nos toca. Asegúrese que se apliquen bien. No ceda a ocurrencias, las charlas de presidium, de traslado con los funcionarios y los empresarios locales no deben sustituir la planificación y la evaluación responsable de las políticas públicas que queremos que sean de largo aliento.

Díganos la verdad. Que la situación de seguridad no se resolverá fácilmente, que costará años, dinero y tristemente vidas, que el camino es largo. Pero no celebre lo que ha ocurrido en sólo unos días, porque nos agravia.

Y por último, aunque nos prometió venir a Michoacán una vez cada mes, es un compromiso, quizá el único, que no es necesario que cumpla. Sólo supere la indiferencia y el desdén por lo que aquí ocurre. No nos culpe por opacar los que usted considera como éxitos de su gobierno, por alterar el tono de su perfecta narrativa ante los medios, sólo recuerde que el oficio de gobernar es así y que con él vienen obligaciones que no es grato atender, pero que en ellas también puede encontrarse trascendencia y grandeza.

Atentamente,

Un ciudadano michoacano

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¿Qué veremos en el 2014?

El futuro siempre nos inquieta, como esperanza o como miedo, enfrentamos la incertidumbre. Cada inicio de año acentúa nuestro deseo de conocer lo que vendrá, y sin querer presumir de artes adivinatorias, no puedo sustraerme al espíritu de los días y me atrevo a reflexionar sobre lo que veremos en cuestiones políticas en los próximos meses.

Si el 2013 fue el año de la concertación y el Congreso de la Unión tuvo un importante protagonismo, el 2014 será el ocaso de ambas cosas. No más Pactó por México ni panegíricos al consenso. El gobierno de Peña Nieto ha obtenido las reformas que quería y ahora se concentrará en aplicarlas y ajustarlas, tanto atenuándolas como estirándolas, pero sin el concurso de la oposición. El Presidente ha definido su proyecto de gobierno, establecido las bases de su autoridad y ahora pondrá en juego los elementos que ha construido.

En el año que empieza veremos al Gobierno Federal gastar mucho dinero. Con la cartera llena fruto del subejercicio 2013 y el endeudamiento que les fue autorizado, querrán recuperar el terreno perdido en el año pasado y acelerar la economía y cumplir los pronósticos de mayor crecimiento. En este terreno se juegan buena parte de su proyecto, pues es la antesala de la elección intermedia y otro mal año económico sería un negro precedente, además hacia el segundo trimestre se realizará la medición bianual de la pobreza, que será la evaluación de la Cruzada contra el Hambre, una de las naves insignia de este gobierno.

Otro tema en juego relacionado con el desempeño económico es el relacionado con una temprana y discreta batalla por la sucesión presidencial. No es ningún secreto que los secretarios de Gobernación, Osorio Chong y de Hacienda, Luis Videgaray, empujarán sus agendas y tratarán de ganar protagonismo. Con el escenario de la aceleración del gasto y la persistencia de los problemas políticos y de seguridad, el último pudiera tomar una ventaja decisiva, por lo menos para impulsar a sus fieles en la elección intermedia, y contar con una plataforma más sólida en la segunda mitad del sexenio.

El 2014 en el mundo de los partidos políticos (el PRI en el poder no es partido, apunto) será un cuento de ruido y furia. PAN y PRD renovarán con muchos sobresaltos y en duras batallas sus dirigencias nacionales. Pelearán en ambos partidos los beneficiarios de los acuerdos con EPN contra quienes se han quedado al margen de la negociación del Pacto por México. A EPN sus hasta ahora aliados han dejado de importarle, porque ya no le son necesarios, aunque le simpaticen más pues han sido obsequiosos con él, se limitará a esperar los resultados de las batallas, que al final terminarán en honrosos empates y poco cambiará en la orientación partidista. En el flanco más izquierdo, Morena conseguirá su registro con algunos trabajos y controversias. Eso sí, todos velaran armas rumbo al 2015.

Para las manifestaciones y grupos de presión vienen días difíciles. Sin votaciones legislativas ni hechos significativos en la agenda del año, los profesionales de la protesta enfrentarán una estrategia de tierra baldía impulsada desde el gobierno. Los plantones se irán diluyendo y las marchas reduciendo, sin embargo sus protagonistas seguirán sufriendo desgaste y descrédito, incluso mayores, pues sus banderas van a perder brillo en los próximos meses.

Uno de los temas que presenta una incógnita es el de la seguridad. En concreto si en el 2014 la Gendarmería Nacional verá por fin la luz. Esto llevaría a reformas legales mayores y como ya dijimos, no está en el ánimo del gobierno regresar a forcejear al Congreso para obtener reformas que no sean esenciales. Podrían lanzarla por decreto, pero eso haría su arranque aún más débil y su existencia más precaria. La violencia desafortunadamente continuará en cifras altas, ligeramente descendentes como ha ocurrido desde el 2010, pero a pesar de los esfuerzos por mantenerla fuera de la atención pública, habrá notas rojas que alcanzarán la primera plana. Otra duda es si el gobierno resistirá la tentación de celebrar con bombo y platillo, la captura de algún criminal verdaderamente importante si ésta llega a ocurrir.

En Michoacán, el Gobierno Estatal se beneficiará del mayor gasto público, pero sufrirá retrocesos en su autoridad pues éste se realizará a través de las dependencias federales y no de la Secretaría de Finanzas. Con todo y la tradicional discreción priísta que seguirá acompañando a los delegados federales, algunos de ellos empezarán a proyectarse para buscar posiciones en las candidaturas del 2015. Eso generará algunas tensiones con los funcionarios estatales que, con menores recursos a su alcance, llevarán la peor parte.

En este tema, no importa cuanto insistan el Gobernador y los funcionarios de su gobierno, los legisladores y hasta los voceros de las cámaras empresariales, no habrá dinero regalado de la Federación al Estado, mucho menos para pagar deudas o gasto corriente y como la reestructuración financiera seguirá avanzando a paso de cangrejo, la situación financiera del estado continuará estancada.

En materia de política interior y seguridad veremos como la administración del caos continua. Los grupos de autodefensa cumplirán un ciclo de expansión, que bien puede concluir en un nuevo periodo de estabilización o en el inicio de una espiral de violencia. El gobierno continuará perdiendo autoridad sobre el territorio del estado, a menos que emprendiera una estrategia renovada, a la que se ven poco dispuestos tanto el debilitado Fausto Vallejo como la indiferente Federación. Asía une nuestra perspectiva es poco halagadora.

Finalmente veremos en el último tercio del año, el despegue de los proyectos por la gubernatura. La del PRI se designará desde el centro entre una baraja de candidatos poco atractivos y su apuesta será forzar la unidad. El PAN continuará desdibujado y Salvador Vega continuará en solitario rumbo al tercer sitio en la contienda. En el PRD Silvano Aureoles confirmará su predominio con muy buenas posibilidades para el 2015, lamentablemente. Incluso pudiera aparecer una coalición inesperada entre el PAN y el PRD, pero esa ya es una sorpresa del 2015.

¿O ustedes qué opinan que pasará este año recién iniciado? El tiempo nos dirá.

No me gusta su reforma política

Está dicho. Antes diré también que entiendo que los cambios deben ser graduales y acepto que a la hora de legislar no podemos asumir posturas de todo o nada, pero hay cosas que sencillamente no me gustan de su reforma. Ahora trataré de explicar por qué. Empezaré por decir que en ella hay cosas muy buenas y que excluiré de mi diatriba: la autonomía del Coneval, ese organismo desconocido que evalúa los resultados de las políticas públicas en materia de desarrollo social y que ha hecho un trabajo extraordinario, y que hay que preservar de la codicia gubernamental, especialmente ahora.

Hay otras cosas bastante sensatas como la ratificación de la estrategia de seguridad y la rendición de cuentas asociada a ella, o la participación del Senado en el nombramiento de los titulares de Hacienda y Relaciones Exteriores, la reducción del periodo entre la elección presidencial y la toma de protesta y el incremento en el umbral de votos necesarios para mantener el registro como partido político, incluso la paridad de los sexos en candidaturas al Congreso. Son buenas pero ninguna revoluciona la vida política. Es como cuando en una carretera se arregla una curva para que sea menos peligrosa, se agradece, pero si se dejan igual cientos más, el viaje sigue siendo el mismo.

Mis desacuerdos empiezan con esa ilusión que les hace a los legisladores cambiarles el nombre a las cosas. Creo que les da la impresión de que se elevan a la categoría de demiurgos. Por dejar de llamarse PGR o IFE, esas instituciones no han de funcionar mejor, es más, pasará un buen rato antes de que les dejemos de llamar por sus viejos nombres.

Hay medidas que serán más litigiosas que útiles, como la nulidad de las elecciones por violar el tope de gastos de campaña en forma “sistemática” y “determinante”, un par de palabras que han permitido cualquier trapacería en materia electoral y que ya nadie sabe que significan a ciencia cierta. Durante los primeros años de vigencia de este precepto vamos a experimentar un avivamiento del conflicto postelectoral. El que además sea sancionable solo cuando se excede por un 5% del tope de gasto, son como los 15 minutos de tolerancia que nos daba el maestro en la escuela. Una reforma a la mexicana, puedes hacer trampa, pero poquita.

Hay otras que están destinadas a convertirse en vetustos elefantes blancos, como el gobierno de coalición, que sin segunda vuelta (ese cambio sí que hubiera sido relevante) en la elección del ejecutivo es totalmente inútil. Coaliciones en el mundo hay de dos tipos: electorales como en Chile, que antes de la elección construyen un programa de gobierno y van por él a las urnas o parlamentarias como en Alemania, en que el equivalente del Presidente debe ser electo por más de la mitad de los diputados y a los de su partido no les alcanzan los votos, por lo que invitan a otros a gobernar. Ambos casos son de necesidad, nadie quiere compartir y esto lo soslayan nuestros legisladores.

Pero los temas mayores son dos y no me gustan:

El nombramiento de los consejeros electorales de los estados por el INE, es la única atribución real que se dio al súper IFE que nació bastante enclenque. Será factor de conflicto muy fuerte, moneda de cambio, espacio para el tráfico de influencias, y en nada garantiza la independencia de estos organismos. ¿O no hemos visto vocales ejecutivos y consejeros locales del IFE postrados ante el gobernador del estado en que despachan? Además seguimos en ruta para desmantelar el federalismo que tímidamente empezábamos a construir. Hemos asumido que los problemas que conlleva un pacto federal se resuelven con elementos centralistas.

Finalmente, la medida más trascedente de todas y quizá la única importante es la reelección. La de alcaldes está en manos de los congresos estatales. Es una historia por escribirse, pero no deja de ser buena noticia, pues permitirá en algún momento evaluar el desempeño de los ayuntamientos y abrirá la puerta de la continuidad en el desarrollo municipal.

La reelección legislativa la he defendido siempre, tiene múltiples virtudes en lo referente a rendición de cuentas y profesionalización del Poder Legislativo. Pero nace torcida, perversa. Uno de los objetivos de la reelección era restar poder a las cúpulas de los partidos y regresarlo a los electores, lo cual no va a ocurrir, peor aún las cúpulas partidistas se van a empoderar todavía más, con la persistencia de los diputados plurinominales y la posibilidad de que estos se mantengan durante periodos sucesivos, las oligarquías partidarias que no rinden cuentas, que no hacen campaña, que no son representativas, van a trasladar sus reales de las dirigencias partidistas a las Cámaras del Congreso. Estas son muy malas noticias.

Así una reforma con muchas pretensiones y celebrada por adelantado, terminó siendo un claroscuro que deja mucho por resolver en la legislación secundaria, pero que tiene más aspectos preocupantes que razones para el optimismo. El problema esencial sigue siendo la falta de legisladores demócratas. Otra vez, los anticuerpos priístas nos traicionaron cuando pretendimos avanzar.

El PAN y el Acuerdo por Michoacán: es hora de irse

Cuando el pasado 29 de agosto se firmó el Acuerdo por Michoacán yo dije que era forma sin fondo, un cascarón que apenas enlistaba algunas tareas básicas del Gobierno Estatal y pretendía vestirlas de grandes acuerdos políticos. Con la ausencia del PRD y la irrelevancia del resto, el PAN fue entonces el ancla del acuerdo. Durante dos meses el instrumento no ha reportado un solo avance y hoy la política estatal, con el regreso de Fausto Vallejo a la gubernatura, ha sufrido un profundo reacomodo que incluye la salida del impulsor del Acuerdo, Jesús Reyna, no sólo de la gubernatura sino de la Secretaría de Gobierno. A mí me parece natural que los ciudadanos nos preguntemos por la vigencia y viabilidad del Acuerdo. Pero especialmente para el PAN, repensar su permanencia en el mismo es obligatorio.

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Fausto Vallejo desde su regreso a la gubernatura apenas se ha referido al Acuerdo por Michoacán. En entrevista ha dicho que si “falta alguno” en clara referencia al PRD, no se puede hablar de un gran acuerdo. En esto tendría razón si el Acuerdo estuviera en proceso de firmarse, pero en la circunstancia actual esta afirmación es más un desprecio por los firmantes, que un guiño a los que desairaron el instrumento, lo cual además hace sentido con dos hechos directamente vinculados a la licencia de Fausto Vallejo. Fue el PRD quien se unió al PRI para prorrogar su licencia y fue Fidel Calderón, en su carácter de Presidente de la Mesa Directiva del Congreso quien facilitó su reincorporación como gobernador. Aunado a las declaraciones sobre la honorabilidad de Leonel Godoy, es claro donde busca el gobernador a sus aliados.

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El PAN, acertadamente, ha mantenido una postura mucho más incisiva sobre el regreso de Fausto Vallejo. Ha subrayado la necesidad, la obligación moral que tiene el gobernador de decir la verdad sobre su estado de salud y el daño que la incertidumbre sobre su permanencia y aptitud le provoca al estado. Me parece que ningún pacto que omita la condición del gobernador Vallejo y las medidas a tomar para dar gobernabilidad ante una nueva ausencia es insustancial.

Por otra parte, justo después de la reincorporación de Fausto Vallejo se desató una serie de eventos desafortunados de violencia del crimen organizado contra la población civil, que el mandatario estatal desestimó. Mientras el PAN habla de terrorismo, el Ejecutivo dice que es vandalismo. Los michoacanos son muy inquietos dice Vallejo Figueroa. La diferencia es fundamental. ¿Cómo podemos estar en un Acuerdo ante una visión divergente para abordar estos hechos tan graves?

Particularmente el tema del crimen es siempre delicado. No podemos olvidar que el PAN en su momento acusó al PRI y al propio Vallejo de haber ganado la elección con ayuda de la delincuencia organizada. De hecho la excandidata y senadora, Luisa María Calderón, una de las firmantes del acuerdo,     no ha quitado el dedo del renglón y recientemente desató la furia del recién llegado gobernador, quien en sus más tempranas reacciones la llamó miserable y enferma del alma, y se refirió a su cuestionada victoria electoral como un hecho que genera el rencor del panismo. El PAN fue generoso al dejar atrás el tema de la legitimidad del gobernador y la limpieza de la elección, y hoy ante un cuestionamiento, es Fausto Vallejo quien fustiga al PAN con un tema del que no saldrá bien librado si se debate abiertamente. ¿Se puede estar en un acuerdo con una contraparte así?

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Por otro lado, la parálisis del Gobierno Estatal se ha profundizado. No sólo los nombramientos de los titulares de la Procuraduría de Justicia y la Secretaría de Administración y Finanzas no han ocurrido, sino que se avizoran relevos en áreas fundamentales del ejecutivo como la misma Secretaría de Gobierno o la de Educación, con lo que la crisis del gobierno local puede agudizarse. Eso sin considerar que al interior del gabinete y del PRI hay una disputa por el poder entre dos grupos antagónicos.

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Yo creo que el PAN participó originalmente del Acuerdo por la inercia que sobrevalua los consensos, y cuya mayor debilidad es menospreciar los principios. La sociedad busca claridad en los actores políticos. No podemos decirle a todo el mundo, todo el tiempo, todo lo que desea escuchar. Quien sostiene posiciones claras se arriesga a no complacer, pero quien no toma definiciones se arriesga a perder su identidad.

El PAN se desdibujó peligrosamente tras su paso por el Gobierno Federal y con el Pacto por México a veces luce irreconocible. En Michoacán no debe exponerse a ser comparsa de un gobierno errático y débil, que no se pronuncia con firmeza sobre los asuntos que más preocupan a los michoacanos y que es incapaz de cumplir con sus funciones elementales y de resolver los grandes problemas del Estado.

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Para no olvidar: La hora más oscura

Hace ya 5 años en la mitad de los festejos patrios nos vimos interrumpidos por una violenta pesadilla. Durante la ceremonia del Grito de Independencia alguien había echo estallar un par de granadas en la repleta Plaza Melchor Ocampo. Aun con el dolor y el miedo, escribí al día siguiente este post, en un blog que fue menos duradero que éste. Lo comparto para no olvidar.

La hora más oscura

16 de septiembre de 2008

Hay aconteciemientos que se inscriben en la infamia. Y eso se sabe en cuanto ocurren. Son tan demoledoramente dolorosos que no queda duda posible. La noche de ayer ocurrió uno de esos hechos. Las granadas del 15 de septiembre en la ceremonia del Grito de Independencia estallaron justo en nuestro corazón. En nuestro corazón cívico, político y humano, porque la plaza Melchor Ocampo es La Plaza Pública de nuestra ciudad y nuestro estado, porque la celebración del Grito es en la que el panteón patrio se une al orgullo y la alegría popular, porque es el primer Grito del gobierno actual, porque ésta es la ciudad natal del Presidente, porque en Michoacán inició el combate frontal a la delincuencia organizada, porque quienes murieron ayer son las víctimas más inocentes. El golpe fue artero y calculado, premeditado y alevozo. El aterrador pensamiento de que éste sea el primer día de una nueva forma de lucha de la delincuencia contra la sociedad flota en el ambiente. La fórmula colombiana de narcotráfico + terrorismo.

La hora más oscura de la noche es la más cercana al alba. Hoy como nunca quiero creerlo. También quiero creer en que el terror no nos vencerá, en que actos detestables como el de anoche nos unirán y fortalecerán en la construcción de una sociedad que no tolere la violencia ni la corrupción que están en la raíz de estos hechos. Quiero creer en que estos actos infames no serán motivo para que nadie obtenga raja política, sino la ocasión de reflexionar sobre lo hecho hasta ahora, para aprender y enmendar, pero ante todo para reforzar una convicción: que no hay otro camino. A una delincuencia capaz de masacrar inocentes para provocar el terror y el desorden no se le puede dar tregua ni cuartel. Hoy, en esta nuestra hora más oscura, la decisión de enfrentar con toda la fuerza del Estado a la delincuencia, parece la única luz en nuestro firmamento. 

Elevemos una plegaria por las víctimas inocentes.