Ante la violencia, unidad

La semana pasada, la violencia del crimen organizado volvió a sacudir a Michoacán. El diputado local Osbaldo Esquivel Lucatero, del PRD, originario de Buenavista y electo en el distrito de Coalcomán, fue brutalmente asesinado en las afueras de Morelia. El primer legislador local que se suma a una lista ya larga de alcaldes y funcionarios municipales que han perdido la vida en los últimos años a manos de los sicarios de la delincuencia.

Ninguna vida vale más que otra, pero casos como este nos recuerdan que los grupos delincuenciales cada vez tienen menos temor de enfrentar al estado y se atreven a atacar a personajes cada vez más destacados, al amparo de un amplio cono de impunidad. Son hechos que nos hablan de la profundidad de la crisis y de la gravedad de la amenaza.

El domingo 15 se cumplieron cinco años del más grave hecho de violencia del crimen organizado contra la población civil que se haya registrado en nuestro estado. Fue en el 2008 cuando en mitad de la celebración delGrito de Independencia delincuentes detonaron granadas en mitad de la multitud que ocupaba la Plaza Melchor Ocampo. Ha sido uno de nuestros momentos más trágicos.

Y traigo a cuento ambos hechos, a los que podríamos agregar muchos otros, para subrayar la gravedad de la situación que enfrenta nuestro país. La magnitud de la amenaza que el crimen organizado plantea a nuestra sociedad. Una amenaza que se cierne sobre nuestras vidas, nuestro patrimonio, nuestra libertad; y que ha dañado nuestra economía y nuestra calidad de vida, además de nuestra percepción de la realidad y nuestra comprensión del mundo. Esto último no es menor, pues nos hemos acostumbrado a coexistir con el fenómeno delictivo y con los delincuentes, y hemos asumido pautas de comportamiento más tolerantes hacia estos que hacia el gobierno que los combate.

La actitud escéptica y agresiva de la sociedad ante la lucha gubernamental contra el crimen, es responsabilidad de todos los actores políticos. La lucha contra la delincuencia debiera ser un asunto de estado, en el que no hubiera fisuras ni dudas. Sin embargo hacia la mitad del sexenio anterior el tema se politizó. El PAN quiso capitalizar el tema en las elecciones intermedias y acusar al PRI de haber pactado con el crimen organizado. El PRI respondió y el PRD, especialmente los fieles de AMLO y los aludidos en gobiernos locales como el de Michoacán, pusieron el acento más agresivo en el discurso, responsabilizando al gobierno federal de los homicidios que ocurrían.

Cuando otros países han enfrentado amenazas a su seguridad, como los estadounidenses el terrorismo de Al Qaeda o los españoles a ETA, lo han hecho con un sentido de unidad nacional indispensable para imponerse ante los criminales, y ello no ha supuesto que quienes ocupen la oposición no critiquen acciones de quienes ocupan el gobierno, pero siempre dentro de una frontera muy clara: los criminales son los malos, el gobierno cuando los persigue, es el bueno. Al gobierno se le puede recriminar su falta de eficacia, pero no que enfrente a los criminales como ha ocurrido aquí.

Una barrera clara debiera ser que las consecuencias de los delitos no son culpa del gobierno, son culpa de los criminales, así los muertos del World Trade Center el 11-S no son los muertos de Bush, son de Al Qaeda y de Bin Laden. Los muertos de los ataques de ETA no son los muertos de Felipe González o de Aznar, son de ETA. Sólo en México es concebible que los homicidios cometidos por los Zetas, por el Cartel de Sinaloa o los Caballeros Templarios sean los muertos de Calderón o los muertos de Peña Nieto y no los muertos del crimen organizado. A ese extremo estamos dispuestos a llegar con tal de denostar a nuestros opositores políticos. Preferimos disculpar al Chapo o a Tony Tormenta con tal de culpar a Felipe Calderón o a Peña Nieto.

El actual gobierno federal ha gastado su tiempo y sus recursos en convencernos que su estrategia es distinta a la de su antecesor. Más de lo que ha invertido en recordarnos que los malos son los que matan, los que venden droga, los que extorsionan, los que secuestran. Más de lo que ha invertido en recordarnos que los ciudadanos también jugamos un papel importante si denunciamos, si no somos permisivos ante los delincuentes, si no admiramos su estilo de vida, si no los idolatramos en corridos y un largo etcétera.

El inicio de la administración era el momento justo para que el Gobierno Federal diera el giro en el discurso y convocara a los mexicanos a la unidad frente a la amenaza del crimen organizado. La dejó pasar. Pero nunca es tarde. Ese cambio de discurso, ese mea culpa de todos los actores políticos es lo que debiera suscribirse en el Pacto por México o en el Acuerdo por Michoacán. Dibujar con toda claridad una línea que nadie pueda cruzar porque en ese momento ayuda a los criminales y se opone al estado y a la sociedad.

En el horizonte está el 2015. En Michoacán cada partido registrará 150 candidatos (más síndicos y regidores) y las acusaciones de complicidad con los carteles no se harán esperar. Eso debilitará a todos los partidos y a los futuros gobiernos, fortalecerá la percepción de fuerza de los delincuentes y hará más profunda nuestra desesperación. Los partidos deben entender que no pueden pactar con los criminales, deben superar la tentaciónde ganar elecciones a ese precio y pactar entre sí la defensa del proceso electoral, de los candidatos, de la democracia misma y por ende, la legitimidad de los gobiernos y representantes que han de emanar.

Ya lo dijo San Agustín, en lo fundamental unidad. En el México de hoy nada es más fundamental.

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Aumenta la inseguridad en Morelia

El pasado jueves en #LíneaXLínea de @CB_television analizamos los últimos acontecimientos violentos que se han presentado en Morelia, y nos preguntábamos si esto representaba un incremento sustancial de la criminalidad en nuestra ciudad.

Panel de Línea X Línea,  jueves 24 de enero 2013

Mi reflexión fue en torno a la dificultad que tenemos los ciudadanos comunes de acceder a información sobre la incidencia delictiva del fuero común, pues ni la Procuraduría Estatal ni la Secretaría de Seguridad Pública local publican estos datos en sus sitios de internet. Recordaba yo además, que estas dificultades son incluso extensivas a la autoridad, pues cuando en el 2010, siendo un servidor delegado de Sedesol, tratamos de implementar la estrategia “Convivir Mejor” no contamos con los mapas delictivos de la ciudad.

Quizá la autoridad cuente con esta información y con otros instrumentos de análisis, pero el que no los haga públicos no sólamente impide la transparencia, también laparticipación ciudadana en la prevención y en la denuncia, importantes herramientas en cualquier estrategia de seguridad. Y si no hay cooperación con otras autoridades, especialmente en materia social y de servicios públicos, la estrategia estará trunca.

Para tener un elemento objetivo de análisis, aun cuando carezca de metodología y de rigor estadístico, tome los resultados del buscador de noticias de Google para las notas publicadas en los meses de enero de 2012 y 2013, y los resultados confirman la percepción: en el 2013 en 24 días de enero se registran notas periodísticas de 12 hechos criminales por sólo 6 en el mes de enero de 2012.

2012 2013
Fecha Nota Fecha Nota
08-ene Hallan cuerpo ex delegado IMSS 03-ene Robo de cableado de pozo OOAPAS
18-ene Captura PEP sujeto que robó hotel 03-ene Detienen a menor por robo de casa
19-ene Arresta PEP 5 presuntos ladrones 08-ene Mujer sobrevive intento de asesinato
27-ene Muere ex policia Cereso 08-ene Caen sujetos por robo de vehiculo
29-ene Matan dos vigilantes de un fraccionamiento 10-ene Asalto a casa de empeño
31-ene Dos personas privadas de su libertad 10-ene Sujetos perpetran robo en la ENUF
12-ene Intento de secuestro moviliza fuerzas policiacas
14-ene Problema vial deriva en asesinato
20-ene Aprehendido por intento de violacion
21-ene Recuperan tres autos robados
23-ene Aprenden a ladron rompecristales
24-ene Fallece menor tras robo de auto

En conclusión, Morelia atraviesa un momento complicado en materia de seguridad, y la mejor forma de atajar el problema es que a los esfuerzos de vigilancia y persecución de los delincuentes se sumen componentes de servicios como alumbrado, transporte, espacios públicos, atención social, participación ciudadana y transparencia.