Votos andaluces, encuestas mexicanas

El cambio político es muy difícil. Contrario a lo que pudieran hacer pensar las muestras de descontento social y el desacuerdo con las gestión gubernamental, los cambios en la clase política necesitan de una larga gestación y de muchas coyunturas favorables para concretarse. Las crisis políticas no siempre se traducen en cambios electorales, y eso pareciera estar ocurriendo en nuestro país. Ciertamente la crisis política le ha pasado factura a la popularidad del Presidente Peña y a la identificación con el PRI, pero si hoy fueran las elecciones, el equilibrio de fuerzas en la Cámara de Diputados se mantendría intacto.

Algo parecido ha pasado en Andalucía donde las elecciones locales se vaticinaban inéditas por el ascenso de nuevas agrupaciones políticas, en particular de “Podemos” el colectivo que entre numerosas polémicas se ha convertido en la tercera fuerza política de España, desplazando a fuerzas tradicionales como Izquierda Unida. Sin embargo, a pesar que en esa elección del pasado domingo el Partido Popular (el partido de Mariano Rajoy, actualmente en el gobierno central) sufrio un duro revés, tampoco puede decirse que el bipartidismo español esté a las puertas de la debacle. Los socialistas, retuvieron el gobierno andaluz y su retroceso es apenas significativo. La sorpresa la dio otra fuerza política recién creada “Ciudadanos” que se convirtió en la cuarta más votada, disputándole el nicho de los independientes e indignados a “Podemos”.

¿Por qué traigo a cuento una elección al otro lado del Atlántico? Porque las encuestas recientemente publicadas por diferentes firmas mexicanas, más que anticipar que la crisis política que vivimos se convierta en un punto de inflexión en la vida pública, parecen indicar que se presentará una continuación del actual status quo: el PRI con sus aliados se mantendría como fuerza mayoritaria, seguido del PAN y por otro lado, todas las fuerzas de la izquierda, ahora divididas y enfrentadas matendrían, balcanizada pero suya, una importante porción del electorado.

En este sentido, México se encuentra muchos más atrás que España en materia de cambios políticos. De los partidos que participarán por primera vez en la elección de este año, el único que tiene en algunas encuestas más de un dígito de intención de voto es Morena, pero de ninguna manera representa una novedad, es la alternativa lopezobradorista desvinculada del PRD ahora en manos de “los chuchos”. Es decir, que no hay una fuerza política que sea disruptiva en el sistema de partidos, para el que la única amenaza pudieran representarla algunas candidaturas independientes que tienen probabilidades de éxito como la de Jaime Rodríguez “El Bronco” en Nuevo León o la de Alfonso Martínez a la alcaldía de Morelia.

En este contexto, el proceso electoral tendrá un efecto limitado en cambiar el rumbo del país, y esto generará desánimo y frustración entre aquellos que desean un cambio de rumbo más drástico e inmediato. En México faltan apuestas ciudadanas más atrevidas, de mediano plazo y menos condecendientes con los gobiernos en turno. En tanto, seguiremos padeciendo a los mismos.

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La próxima decepción política

El pasado 11 de julio el Congreso de Michoacán reformó el Código Electoral del Estado para permitir las candidaturas independientes, es decir ciudadanos que compiten sin el respaldo de ningún partido político, rompiendo el monopolio sobre éstas que los partidos habían tenido siempre en nuestro estado. Este hecho desató a nivel nacional inclusive, las críticas y diatribas, justas e injustas, acertadas e ignorantes, merecidas y desproporcionadas contra los partidos políticos, villanos favoritos de los medios de comunicación y de muchos mexicanos. Aparejado a ellas, se ha entonado la alabanza generalizada de las candidaturas que muchos llaman ya con sesgo “ciudadanas”, y se anticipa un luminoso futuro democrático gracias a ellas.

No me opongo a las candidaturas independientes, creo que eran un derecho pendiente de reconocimiento que el autoritarismo priísta nos negó y que la temerosa transición nos escamoteaba. Son una figura que existe en cualquier democracia avanzada y en ningún lugar han sido la debacle ni la utopía democrática. Por eso afirmo que las candidaturas ciudadanas son la siguiente gran decepción de quienes analizan la política como si narraran un partido de rugby, la primera vez que ven un partido de rugby. Permítanme documentar mi pesimismo.

Lo primero que debo decir es que la legislación que ha expedido el Congreso Michoacano es sumamente burocrática y litigiosa. El listado de simpatizantes de la candidatura equivalente al 2% del padrón, la fianza equivalente a la mitad del tope de campaña, los requisitos para monitorear el gasto del candidato y la prohibición de haber militado en un partido un año antes de la elección van a judicializar cualquier candidatura que amenace a los partidos políticos. Es una reforma gatoparda: propone cambios para preservar la continuidad.

Uno de los graves problemas de las candidaturas independientes en México es la inequidad que genera el financiamiento público. Los partidos lo reciben. Los candidatos independientes no. Hoy nadie se ha quejado, pero una vez que inicie el proceso electoral este será un tema explosivo y recurrente, y que de entrada limitará el desarrollo de candidaturas independientes a municipios pequeños donde los recursos necesarios para competir no son cifras astronómicas.

Los partidos políticos además de organizaciones con recursos son referentes ideológicos de la población en general. Por supuesto no solo hay simpatizantes o militantes que rompen el molde de un partido, también sus candidatos pueden ser muy disímbolos, pero en general, el respaldo partidista de una candidatura nos permite, aún sin conocer al candidato, saber que esperar respecto de su posición política, hasta por prejuicio las identidades partidistas nos orientan y le dan significado a la actividad pública. Los candidatos independientes tendrán un doble reto de posicionar su plataforma, sobretodo cuando pase la novedad y ser independiente no baste como plataforma, así como no ser del PRI dejó de bastarle a los demás partidos como discurso.

Una cosa que los analistas políticos tipo rugby olvidan es que los militantes, los candidatos y los funcionarios surgidos de un partido no somos marcianos. No vamos a escuelas distintas ni vivimos en guetos, no odiamos a la patria ni somos largamente entrenados para engañar a los demás, ni formamos parte de hermandades secretas que conspiran contra la humanidad. Somos seres humanos y mexicanos comunes con un interés por los temas públicos que otros muchos ciudadanos no tienen, tenemos la misma cultura y los mismos defectos y vicios que el promedio de los mexicanos y quizá que la humanidad. También las mismas virtudes.

Los candidatos ciudadanos tampoco serán venusinos o mercurianos, serán muy parecidos a quienes hoy participamos en política con algún partido. Algunos tendrán menos experiencia y más entusiasmo, algunos serán más simplistas, algunos tendrán virtudes refrescantes y espontaneas que los hábitos nos hacen olvidar a los políticos, pero no tendrán la potestad de salvar a la patria. Con el tiempo habrá representantes y gobernantes electos como independientes que sean incapaces y deshonestos y que incurran en excesos y que despierten la ira popular. Sin duda los habrá buenos, como los partidos nos han dado también a muchos buenos.

Los problemas que tiene México son muy complejos y se deben a instituciones, leyes,  cultura, condiciones poblacionales, económicas y geográficas estructurales, atrasos históricos si se quiere. Pensar que los candidatos independientes resolverán por voluntad nuestros problemas es una manifestación light y posmoderna de nuestro caudillismo ancestral.

El estado no tiene el derecho de negar a un ciudadano que contienda en una elección y que pueda ser alcalde, diputado o gobernador, eso es no es democrático, por eso considero las candidaturas independientes como un avance aunque no serán la transfiguración de la política mexicana. Personalmente creo en las instituciones y en los programas más que en las personas y en las buenas intensiones. Me hice panista leyendo a Gómez Morín y ésta es la idea central de su pensamiento que aprendí y defiendo a todo trance, por eso termino transcribiendo una línea de la carta que Don Manuel le escribió a José Vasconcelos en 1928 sobre su candidatura presidencial y que viene mucho a cuento:

En resumen: ¿vale más lanzarse a una lucha que pueda llevar a los grupos contrarios al exterminio, para lograr el triunfo inmediato o perderlo todo, o vale más sacrificar el triunfo inmediato a la adquisición de una fuerza que solo puede venir de una organización bien orientada y con capacidad de vida?