Las protestas y los tiranos

Las protestas y los tiranos

Con las protestas y su represión en Venezuela propongo que hagamos un recorrido por las razones de algunas protestas sociales en el último medio siglo para darnos cuenta de cuánto ha cambiado la sociedad y qué poco han cambiado los tiranos. Para darnos cuenta también que, en México hay una izquierda moralmente insolvente que sigue anteponiendo la oxidada ideología a la defensa de la libertad y la dignidad humana.

Durante la última etapa del gobierno de Hugo Chávez y todo lo que va del de Nicolás Maduro, en Venezuela la calidad de vida se ha reducido en forma dramática debido principalmente a dos factores: el mal funcionamiento de la economía que entre inflación, desabasto y mercado negro ha limitado el acceso de los venezolanos a los satisfactores básicos y la cada vez más incontrolable violencia que ejercen las pandillas toleradas y promovidas por el chavismo. Esa fue la realidad que desató las protestas sociales que el gobierno, que no cesa de proclamarse de izquierda, reprimió brutalmente.

A pesar de lo que algunos trasnochados quieran decir, vivimos en un mundo en que las ideologías han perdido su peso específico. Hoy en el mundo los gobiernos que reivindican una ideología a ultranza, se cuentan con los dedos de una mano y los que la aplican hasta sus últimas consecuencias, son menos aún. La gente tampoco decide en base a postulados ideológicos. En Venezuela la gente protesta porque el dinero no le alcanza y porque tiene miedo de los robos y los homicidios.

Los jóvenes del 68 en México protestaban porque no tenían la libertad que anhelaban. En Occidente los gobiernos se alineaban a la derecha y la protesta a la izquierda. Un mundo más humano, plural e incluyente, el rechazo de la guerra y la libertad de expresión eran las demandas. La economía avanzaba y las sociedades eran relativamente seguras.

Una generación después las protestas derrocaron los regímenes del llamado socialismo real.  Europa del Este se cimbró y las protestas de derecha derrocaron gobiernos de izquierda y desde entonces la brújula ideológica enloqueció. Las revoluciones árabes que con infundado optimismo llamaron “primavera”, no tenían una lógica izquierda – derecha, pues ese es un referente solo en Occidente. El mundo árabe es otra civilización y las cuestiones que dividen a la sociedad son otras. Curiosamente, las rebeliones árabes han sido mayoritariamente de movimientos musulmanes contra gobiernos prooccidentales, y el resultado ha sido la extensión de la Sharia y el retroceso de los derechos humanos como los conocemos en nuestra civilización.

La protesta social del Siglo XXI es pues postideológica. Por eso el discurso oficial de Maduro suena aun más absurdo. No solo es tramposo y falso, no solo es fantasioso y conspiratorio, se refiere a un mundo que ya no existe. Estados Unidos no quiere gobiernos títeres en América Latina ni pretende ocuparla militarmente, no porque los norteamericanos se hayan vuelto buenos sino porque terminó la Guerra Fría y la URSS despareció, y porque la intervención tiene costos que hoy la superpotencia no quiere pagar.

La protesta demuestra que la sociedad ha cambiado más rápido que los gobiernos. Y los tiranos se parecen más entre sí cada vez. Al desaparecer los ropajes ideológicos solo quedan los aparatos gubernamentales, desnudos de ideas, construidos con el único propósito de conservar el status quo. Nicolás Maduro, Kim Jong-un, Vladimir Putin, Bashar al-Asad y otros expertos represores no tienen en común más que su deseo de conservar el poder en sus respectivos países. El autoritarismo antes que tener ideología tiene propósito y ese propósito se llama poder.

Lo que no deja de sorprenderme es que aun existan personajes y partidos que antepongan sus filias ideológicas a la preservación de la vida, la libertad y la dignidad humana. Algunos impresentables de la izquierda mexicana defienden la represión en la Venezuela de hoy como defendieron las purgas stalinistas, el Muro de Berlín y las atrocidades del Gulag ayer. Como siguen defendiendo a Castro y sus presos políticos. Y allí está la quiebra moral de esa izquierda. La que se opone a que un anarcopunk que destruye propiedad pública y privada en la Ciudad de México pase la noche arrestado, pero defiende que Nicolás Maduro use paramilitares para dispersar manifestaciones a tiros.

A México le urge una izquierda distinta. Que no tenga doble moral. Que defienda la libertad y la dignidad de los seres humanos, sin importar el discurso del régimen que atente contra ellos. Que tenga compromiso con la democracia. Que entienda que el mundo ha cambiado.

¿Legalizar la mariguana?

Diversas noticias sobre la legalización de la mariguana en  Estados Unidos – en Colorado se firmó la ley estatal que reglamenta su venta y uso en 2014 y el gobernador de Nueva York presentó ante la legislatura estatal una iniciativa para reducir las sanciones e incrementar las dosis que no son penalizadas – y la declaración de Vicente Fox, en su más puro estilo, de que el podría dedicarse a producir la yerba si esta fuera legal, trajeron consigo otro capítulo mediático de este debate, que lleva ya mucho tiempo.

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El gobierno mexicano ha dicho con toda claridad que no legalizará el uso de la mariguana, sin embargo los expresidentes Fox y Zedillo se han manifestado, cada quien a su manera y guardando las diferencias, por revisar la política prohibicionista que con los Estados Unidos a la cabeza aplican la mayoría de los países del mundo. Incluso el expresidente Calderón llegó a señalar que si los Estados Unidos no pueden controlar las consecuencias del tráfico de drogas, especialmente las armas y el dinero, deberían analizar una alternativa de mercado.

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El debate del tema sin duda es relevante pero especialmente en el momento en que vivimos en México, en que la violencia asociada a los cárteles que trafican con drogas ha conocido niveles altísimos, debemos separar dos aristas de esta discusión para ser precisos. Por una parte está la visión de levantar la prohibición del comercio de mariguana como un asunto de salud pública y el reclamo de que ingerir esta – y otras – sustancias debiera estar dentro de la esfera de libertades individuales y que el estado nada tendría que hacer al respecto, como el tabaco y alcohol, que a pesar de impuestos y restricciones su consumo no está criminalizado.

Si bien el reclamo es atendible, y efectivamente los daños a la salud que causa la mariguana son incluso menores que los que provoca el alcohol y que no existe evidencia suficiente para afirmar que la política de prohibición previene el consumo, hay que ir con cuidado. Apenas seremos testigos de lo que ocurre en algunos estados de la Unión Americana cuando se libere en forma general el consumo recreativo y eso nos permitirá normar mejor nuestro criterio. Sin embargo, sí hay dos datos que vienen al caso: en los estados norteamericanos donde la mariguana es legal con fines terapéuticos, la incidencia de pacientes con sobredosis es mayor. Por otro lado en los países europeos la tendencia de consumir mariguana – e incluso cocaína – va a la baja mientras que el consumo de drogas más “duras” está a la alza.

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Por otro lado están quienes sugieren que debiera despenalizarse el uso de la mariguana como parte de la estrategia de lucha contra el crimen organizado, pues se le arrebataría una fuente de ingresos y se reduciría su poder, facilitándose su combate. Esta sí que es una dulce mentira, una falacia, un pretexto para no enfrentar la dura realidad que plantean la situación de seguridad en México y buena parte de Latinoamérica.

Para empezar hay una tendencia a inflar los datos de la producción de mariguana – se ha dicho que México produce 21 mil toneladas al año o que los Estados Unidos producen diez mil, cuando el mercado anual estadounidense no pasa de 5000 toneladas al año en total – y de las cantidades de dinero que genera su comercio – se ha señalado que la venta al menudeo en el mercado mexicano valdría casi 8000 MDD o que California solamente representaría catorce mil MDD cuando la realidad es que el primero valdría para todas las drogas apenas 1.4 MMDD y la cifra de California se basa en el mito de una producción de diez mil toneladas.

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Esta tendencia se explica porque a las agencias gubernamentales les favorece incrementar los números de la economía de la droga para resaltar su importancia, en tanto que a quienes abogan por la liberalización les permite hacer cuentas alegres de los beneficios que tendría esto para la economía formal.

Por consecuencia, siendo menores las ganancias derivadas de la mariguana de las que las estimaciones que se hacen con cierta frecuencia y quedando aún negocios tan lucrativos como la cocaína y las drogas sintéticas, la teoría de que los cárteles se debilitarían pierde fuerza, además los delincuentes que militan en estas organizaciones es poco probable que abandonaran la actividad criminal para  dedicarse a actividades lícitas por la desaparición del trasiego ilegal de la mariguana. La experiencia nos demuestra que estos individuos son residuales a la actividad criminal, si un delito deja de ser lucrativo se dedican a otra actividad también criminal para sustituir sus ingresos. En parte, la mayor complejidad en el trasiego de droga explica el incremento en secuestros y extorsiones en nuestro país.

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Pero la principal razón por la que el problema del crimen organizado no se resolvería con la legalización de la mariguana, es que estas organizaciones  surgieron en México por la debilidad del Estado, por la incapacidad de aplicar la ley en todo el territorio, por la proclividad a la corrupción del gobierno y por la tolerancia social a la delincuencia. Esos son los problemas de fondo que debemos enfrentar, que desde el sexenio pasado se empezaron a enfrentar y en lo que no debe haber marcha atrás.

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Luces y Sombras en la visita de Barack Obama

La visita del Presidente de los Estados Unidos a nuestro país – a cualquier país – es invariablemente el acontecimiento diplomático más importante. Estos encuentros definen la relación con la única superpotencia y marcan a la administración en turno.

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La relación de México y Estados Unidos es tan compleja como grandes son sus fronteras, sus poblaciones y sus intercambios. De ser modelo en las postrimerías del Siglo XVIII pasaron a ser enemigos del Siglo XIX. Del porfiriano “pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, pasando por los “vecinos distantes” de los años 1980 al TLCAN y al reconocimiento de socio comercial y aliado estratégico hemos recorrido un largo camino, en que no tengo duda que estamos mejor que antes y en el que por fin, la cercanía geográfica con el país más poderoso del mundo se traduce en el aprovechamiento de algunas ventajas, si bien hay potencialidades aun desperdiciadas.

Para tratar con los norteamericanos todo gobierno debe recordar la premisa de Henry Kissinger, aquel longevo Secretario de Estado que apuntó que su país no tiene amigos ni enemigos, sino que tiene intereses. Los norteamericanos no hacen concesiones en su agenda internacional y por ello es fundamental que el interlocutor mexicano sepa encontrar los puntos de entrada para los temas de la propia agenda.

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¿Cómo nos fue en el primer encuentro de Peña y Obama? Mi apreciación es que bien a secas. Poner el acento en la economía es un acierto mexicano que aprovecha una feliz coincidencia: Obama, en el inicio de su segundo mandato, ha decidido impulsar el comercio global con gran energía, en particular a través de dos grandes acuerdos comerciales, uno con la cuenca del Océano Pacífico, para contrapesar a China, y del que por nuestra situación geográfica y comercial somos ya parte importante, y otro con Europa, del que hasta ahora nos han excluido, y que representa la tarea fundamental en materia de promoción y cabildeo.

Haber introducido el tema educativo es un acierto también. Nuevamente aprovecha un cambio favorable. La comunidad de estudiantes mexicanos en Estados Unidos es una de las más pequeñas y absolutamente desproporcionada a nuestra población. El reto es que el asunto no quede en encuentros elitistas entre académicos, sino que se traduzca en un acuerdo semejante al alcanzado por Brasil que enviará cien mil estudiantes universitarios becados por año a Estados Unido y recibirá al mismo número en sus universidades.

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Por otro lado el gobierno de Peña, consistente con su agenda, excluyó el tema de la seguridad y el combate a la delincuencia de la agenda hasta donde pudo, a pesar de que éste es el tema de mayor interés para los norteamericanos que quieren que el tráfico de drogas y la lucha contra los cárteles se dé más allá de sus fronteras. Pero además desean mejorar la seguridad de su frontera sur y evitar que México sea una plataforma de grupos terroristas.

Calderón logró dos cosas importantísimas en la relación con los Estados Unidos. La primera que sus agencias antidrogas y de persecución de los delitos dejaran de ver al gobierno mexicano como un cómplice de los criminales y lo valoraran como un aliado. La segunda que el gobierno norteamericano diera los primeros pasos en reconocer su responsabilidad en la situación de inseguridad de nuestro país, que reconociera que la enorme demanda de drogas, su política prohibicionista en materia de estupefaciente y no solo liberal, sino permisiva e imprudente en materia de armas son elementos clave en el coctel de violencia que sufrimos.

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Si Peña y su gobierno, por mezquindad política hacia Calderón no aprovechan estos avances, cometerán un grave error. Obama reconoció a Calderón aun en esta visita y habló de la necesidad de que Estados Unidos corte el flujo de armas y dólares que nutren a los cárteles. Del otro lado de la mesa hubo un incómodo silencio. Eso no nos conducirá a nada. Desaprovechamos incluso que Obama y los Demócratas en estos momentos, por razones puramente domésticas están dando una durísima batalla por controlar la venta de armas, lo cual reduciría la disponibilidad de estas en el mercado.

Otra oportunidad desaprovechada para decirle al mundo que Obama está haciendo lo correcto fue omitir el tema migratorio de la agenda. Si bien hay que evitar que la extrema derecha republicana tenga argumentos nacionalistas, que el país que tiene una de las comunidades migrantes más grandes de los Estados Unidos guarde silencio en el tema migratorio, mientras éste se discute en Washington es incomprensible.

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México vive un gran momento. Goza de un enorme prestigio internacional por su desempeño económico. Un mexicano podría encabezar, con el apoyo norteamericano, la Organización Mundial de Comercio, otro ya encabeza la OCDE y se nos trata como el nuevo país emergente, que si hace las reformas correctas será un protagonista mundial. Debemos aprovechar el viento favorable, pero para ello debemos aprender algo que los norteamericanos hacen estupendamente, a dejar las diferencias partidarias para lo doméstico y en lo internacional presentarnos como lo que somos, una sola Nación.

Por sus frutos los conoceréis

Esta es la regla bíblica que propongo para juzgar la liberación de Florence Cassez.

Qué buenos frutos se han alcanzado con la concesión de un amparo liso y llano a aquella de cuya culpabilidad no se ha establecido duda, sino que se le ha liberado por considerar que el proceso que se llevó en su contra no cumple con todos los requisitos legales, en su mayoría tecnicismos, pero cuya sentencia había sido dictada por un juez y dos veces confirmada. Yo digo que ninguno.

De un montaje a otro

En primer lugar se ha dado un mensaje de impunidad. Los criminales no son castigados siempre y cuando, tengan los medios para contar con una defensa, legal, política, mediática y diplomática lo suficientemente poderosa para oponerse al estado mexicano.

Los derechos de las víctimas a la justicia y la reparación del daño son de segundo orden. Las víctimas pueden ser atropelladas por el criminal y olvidadas por la autoridad, nada tienen que decir en la liberación de sus ofensores.

La autonomía del Poder Judicial y de la Suprema Corte de Justicia está en entredicho. Hace apenas unos meses la misma opción del amparo liso y llano fue rechazada por la misma Sala de la Corte. Hoy con un nuevo Ministro (Gutiérrez Ortiz Mena), que tras una tortuosa elección en el Senado, con una fuerte influencia del PRI, el fallo es aprobado por mayoría. El Poder Ejecutivo ejerce una fuerte influencia en las decisiones del máximo tribunal una vez más. Mala señal para el comienzo de un sexenio.

Los ministros de la Corte pretenden ser intocables. En una etapa en que todo personaje público está sujeto a escrutinio y crítica revisión de sus actos, los ministros esperan quedar indemnes ante quienes discrepamos de su decisión y se les ve indignados ante la crítica.

El Presidente supedita el interés nacional a la agenda política de su partido. Más le interesa mandar el mensaje que los gobiernos del PAN todo lo hicieron mal y el suyo desfacerá todo entuerto, que preservar la fortaleza de nuestra recién construidas instituciones. Primero el aplauso fácil, luego los asuntos de Estado.

Un defensor de las víctimas de la delincuencia queda desnudo como un ariete político del PRI. Javier Sicilia, ruidoso y rijoso ante todos, de Calderón a Arpaio, de Cuernavaca a Harvard, no dijo una sola palabra en defensa de las víctimas de Los Zodiacos, banda de Cassez, a solo unos días de ocupar los titulares cuando disparaba elogios al Presidente Peña por expedir la deficiente Ley de Víctimas. Por si dudaba alguien de sus filias.

Todo funcionario puede quedar impune, menos ante los medios de comunicación. Genaro García Luna está en la picota, una vez más, por el montaje que empañó la captura de Cassez y sus cómplices. Para los medios y la opinión pública ya es culpable, paradójicamente de presentar a una banda de secuestradores como culpables ante los medios y la opinión pública. No se ve en el futuro inmediato un proceso de responsabilidad administrativa, política o penal en su contra. A sus enemigos les basta el linchamiento mediático, del que es más difícil defenderse.

El prestigio internacional de México está lastimado. El expresidente francés, Sarkozy, en el momento que su popularidad era menor que la de Leonel Godoy y buscando la reelección, se lanzó a buscar la libertad de una francesa encarcelada del otro lado del mar en una república bananera. Esa es la historia que el gobierno de Francia ideo y propagó por el mundo. Durante algunos años el gobierno mexicano la enfrentó con otra muy distinta: el nuestro es un estado moderno de leyes y tribunales donde se castiga a los delincuentes. Hemos claudicado en esa defensa, para decir antes sí éramos salvajes, hoy ya no.

De delincuente a celebridad. El escándalo ha producido una estrella, la señora Cassez se reúne con políticos, actores y distinguidos franceses, ocupa los medios electrónicos y las primeras planas, reafirmando su inocencia, la injusticia sufrida y su frivolidad.

Con el precedente de la liberación de Cassez, muchos otros delincuentes pueden ser liberados, pues los argumentos, excepcionales y débiles que sustentaron el amparo que le fue concedido pueden asestar muchos golpes más a la justicia mexicana y a las víctimas de esos criminales. Lo cual seguiría sentando bien a la narrativa presidencial, por lo que es de esperarse.

Nuestro país ha tenido un retroceso enorme con la decisión de una Sala de su Corte Suprema, que no de toda ella, en especial hay que reconocer a los ministros Cossío y Pardo su voto contra el proyecto. Pero esta es un señal temprana de lo que puede ser una restauración autoritaria, regresar al país de la justicia politizada, el Poder Judicial sometido y las víctimas ignoradas. Esos son los frutos que podemos reconocer, y hablan muy mal de su árbol.

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Perspectivas 2013

El dios Jano

 

Y recién ha iniciado el 2013. Dice Charles Lamb[1] que nadie puede ver con indiferencia el primero de enero. Los romanos bautizaron el primer mes del año en honor del dios Jano, un ente bifronte que con una cara miraal pasado en tanto que su lado opuesto observa el futuro. Cada año llegamos a esta hora de Jano en que es necesario y útil recapitular el ciclo inmediato anterior y, ¿por qué no?, anticipar un poco lo que puede acontecer en los meses por venir. Así que manos a la obra.

El gobierno de Enrique Peña Nietorecién comienza, y con gran habilidad ha usado su ‘bono democrático’ para impulsar su agenda. Su narrativa es que el nuevo gobierno ha puesto al país en marcha, así que seguiremos viendo la presentación de iniciativas y propuestas que reforzaran la idea de avance. Sin embargo, en algún momento, quizá hacia el segundo semestre, las iniciativas de reforma energética y fiscal llegarán al Congreso de la Unión y la luna de miel con el electorado terminará. Esto no quiere decir que estas no puedan prosperar, al menos parcialmente, pero el Presidente enfrentará entonces las auténticas divisiones profundas, las rupturas que existen en la sociedad mexicana.

Los partidos opositores al PRI vivirán un año difícil. El PRD continuará su proceso de escisión. Durante el primer semestre AMLO y sus fieles consolidarán Morena y se encaminarán a las elecciones locales de julio con la pretensión de desplazar a su antiguo partido a la marginalidad y tomar el liderazgo de las izquierdas. Las expresiones moderadas tendrán que jugar sus cartas con inteligencia o de lo contrario verán reducida su base electoral y a sus electores migrar hacia una izquierda antimoderna, beligerante y radical, pero mucho más atractiva.

En la cancha del PAN continuarán la confusión y la guerra de baja intensidad entre sus diferentes grupos internos. La dirigencia de Gustavo Madero llegará a su fin en diciembre y en el primer semestre se renovará el Consejo Nacional y se llevará a cabo una reforma estatutaria que se anticipa de gran calado, pero que adolece de claridad. El PAN corre el riesgo de ser ‘triangulado’ por la agenda modernizadora del Presidente Peña, es decir, que electores típicos del PAN sean atraídos por un PRI que se muestra capaz de avanzar en los temas económicos en un ruta semejante a la trazada por los gobiernos de Fox y Calderón, pero a mayor velocidad. Ante la cercanía temática con el gobierno, otros electores panistas de línea más dura, pudieran buscar en la izquierda más radical una ruta de oposición más beligerante.

Aún cuando todo apunta a que el PRI se mantendrá disciplinado en torno al Presidente Peña, al interior de ese partido existen fuertes pugnas tanto ideológicas como de pragmática disputa por el poder.  Desde antes de la campaña presidencial, éstas han quedado postergadas ante la posibilidad de recuperar la Presidencia de la República, y ahora la consolidación de su poder, pero la reedición simple y llana del presidencialismo previo a la transición es poco probable. El PRI es el actor partidista más importante, y también el más complejo, por ello habrá que observarlo con atención, pues en sus delicados equilibrios estará la clave de importantes temas nacionales.

Considerando que el primer domingo de julio se efectuará la renovación de más de un millar de ayuntamientos y los congresos de una docena de estados, el PRI tratará de extender su buena marcha evitando temas polémicos y aprovechar la debilidad de sus opositores en el primer semestre del año y aprovechar para recuperar el terreno que perdió en 2010, la última vez que tuvo resultados significativos adversos en las urnas, perdiendo por ejemplo, Puebla, Oaxaca y Sinaloa.

En Michoacán, atestiguaremos un despegue o relanzamiento del gobierno de Fausto Vallejo, que contará con un más amplio margen de maniobra financiera y se beneficiará del despliegue de la estrategia nacional del gobierno federal y del PRI. Pero para el gobierno estatal el reloj corre y se agotará mucho antes que para las autoridades federales, por lo tanto, el gobernador tendrá prisa. Por otro lado, el momento de fijar su postura en relación con la deuda y las responsabilidades del gobierno anterior no podrá ser postergado más. Sin embargo, el 2013 será el año de mayor estabilidad política para nuestro estado en un largo tiempo y puede representar una oportunidad histórica de avanzar en temas de fondo con la cooperación de los principales actores.

Por otro lado, los dos grandes temas, la seguridad y la economía mantendrán su curso sin mayores cambios. La inseguridad, como incluso prueban las cifras de homicidios de diciembre, se mantendrá en los mismos niveles y la estrategia será fundamentalmente la misma, salvo que el tema saldrá de los titulares noticiosos. Por otro lado, México se beneficiará de las estrategias anticrisis de Estados Unidos, Europa y Japón, pero la economía y el empleo crecerán al mismo ritmo que los dos años anteriores.

En resumen, los cambios serán más de percepción que de fondo, el riesgo de la polarización política nos seguirá acechando y el PRI tendrá otro buen año gracias a sus erráticos opositores. Lo interesante vendrá con la reforma hacendaria hacia el fin del año.

Veremos.

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[1] Charles Lamb. En la noche de Año Nuevo. Letras Libres diciembre 2012.