¡No pienses en un Michoacanazo!

No he podido determinar quien bautizó como Michoacanazo, al escandaloso arresto de 38 funcionarios públicos de Michoacán en el 2009 acusados de brindar protección a La Familia Michoacana, entonces el cártel dominante en el estado.

Entre los detenidos se encontraba una docena de presidentes municipales y el funcionario de mayor rango de la administración estatal era el Procurador de Justicia Miguel García Hurtado. A la postre todos los detenidos fueron liberados por falta de pruebas, principalmente por la ausencia de un testigo protegido denominado “Emilio” de los procesos judiciales de los exfuncionarios, y quien unos años después sería asesinado en Cuernavaca. El juez primero de distrito con sede en Morelia, que concedió los amparos a 12 de los imputados y suspendió la orden de aprehensión contra Julio César Godoy Toscano, fue destituido por el Consejo de la Judicatura Federal y apenas libró la acción de la PGR en su contra.

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Ahora el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, no pudo escapar a la comparación con ese hecho de la detención de Jesús Reyna – Secretario de Gobierno, Gobernador Interino y uno de los políticos más poderosos de Michoacán – por tener vínculos con Los Caballeros Templarios, al igual que la de José Trinidad Martínez Pasalagua, exdiputado y líder transportista.

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El Gobierno Federal no quiere que estos hechos sean equiparados pues el Michoacanazo se convirtió en sinónimo de fracaso en la impartición de justicia y en la operación política. Por el momento, la actual detención de Reyna y Pasalagua, tiene la ventaja de no contar con la oposición y el sabotaje del Gobierno Estatal, pues Fausto Vallejo ha hecho mutis ante la imputación a su más importante aliado y colaborador en el gobierno y en la campaña que lo llevara a éste. En tanto que en el 2009, el gobierno de Felipe Calderón enfrentó la resistencia de Leonel Godoy apoyado por supuesto por el PRD, y también por no pocos militantes del PRI y hasta por sus adversarios en el PAN (como Marko Cortés).

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Otro elemento distintivo es la concentración de la acción. Si en el 2009 se privilegió el operativo para detener simultáneamente a numerosos individuos de variada posición política sobre los que se tenía sospecha, ahora se centra en un par de personajes de la mayor relevancia. Aun cuando vengan otros detenidos, la lista es previsiblemente corta. Además el Comisionado Alfredo Castillo parece tener por modus operandi, golpear al objetivo más grande, visible y poderoso primero, tal como ocurrió con la destitución de los delegados federales en que el primero fue el considerado intocable Antonio Guzmán o el caso de Humberto Suárez extesorero de Lázaro Cárdenas y Leonel Godoy.

Sin duda esperamos todos que la detención de estos funcionarios no se parezca al Michoacanazo en la incapacidad del ministerio público de procesar a los inculpados y lograr su condena si son culpables. Esperaríamos también que al proceder contra un funcionario y político de tanto peso como Jesús Reyna, el Gobierno Federal tendría todos los elementos para probar su culpabilidad. De lo contrario la espiral de descrédito y escepticismo se prolongará y agravará.

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Mucho llama la atención que por todos los medios se ha tratado de deslindar y exculpar a Fausto Vallejo de toda responsabilidad, cuando el golpe debiera ser mortal para él y su administración. De confirmarse las imputaciones realizadas a Jesús Reyna quedarían de manifiesto dos hechos gravísimos:

Que efectivamente, como lo denunciaron los candidatos derrotados en el 2011, Los Caballeros Templarios apoyaron con dinero y con sus capacidad de amedrentar votantes, la campaña de Fausto Vallejo, y que su triunfo es ilegítimo. Que su gobierno está marcado de origen.

Que además de su falta de legitimidad, el Gobierno Estatal se encuentra coludido con la delincuencia organizada y que Los Caballeros Templarios tienen acceso a información privilegiada que les permite evadir la acción de la justicia y realizar mejor sus actividades ilícitas como la extorsión a proveedores, constructores y autoridades municipales, además de que tienen la posibilidad de influir en algunas de las decisiones de la administración estatal.

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Suponer que Fausto Vallejo ignoraba los hechos es ingenuo y candoroso. Pero incluso esa indiferencia hacia la conducta delictuosa de su más importante colaborador no es una conducta que pueda quedar impune. Era deber de Fausto Vallejo saber que Jesús Reyna estaba delinquiendo, como era su deber impedirlo y en su caso perseguirlo y someterlo a la ley. También se antoja insostenible pensar en que Jesús Reyna es el único personaje que participaba de la asociación con criminales.

Nadie queremos otro Michoacanazo en el sentido del fracaso y la confrontación en que concluyó. Pero tampoco podemos quedarnos impávidos ante una aplicación de la justicia parcial, en que unos cuantos cargan con las culpas de todos, para que haya quienes puedan salir impunes. Ni Fausto Vallejo ni el PRI pueden escapar de su responsabilidad.

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Los acuerdos fallidos

Ya en esta columna lo he dicho con claridad: la salud de un hombre dedicado a la vida pública no es un asunto privado. Y sí lo digo por Fausto Vallejo, de quien me sorprende su declaración de que desea reasumir la gubernatura del estado, porque es un político profesional que no desconoce las consecuencias de su dicho, ya no digamos las de su regreso, y que sabe que este trae inestabilidad al estado y confrontación a su partido y al interior del gobierno estatal.

En la vida política la actividad gira en torno a lo que se acuerda y a lo que queda libre para que cada actor lleve adelante su agenda. Es evidente que hoy vivimos las consecuencias de que los acuerdos que llevaron a Fausto Vallejo, primero a la candidatura del PRI y luego al  gobierno de Michoacán no consideraban las eventualidades que se han enfrentado, y que los arreglos que se establecieron para atender estas contingencias, no han sido satisfactorios. Ahora me explico.

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Tras años de confrontación en el PRI, los dos grupos que conservaban espacios de poder a pesar de las derrotas que sufrió ese partido en la primera década del siglo, el de Jesús Reyna que mantuvo la presidencia estatal del partido, importantes espacios parlamentarios y presidencias municipales y el de Fausto Vallejo afincado en la alcaldía de Morelia y en su popularidad personal, pactaron la candidatura de este último a cambio de diversos espacios en el eventual gobierno, empezando por la Secretaría de Gobierno para el primero.

Este acuerdo suponía que Fausto Vallejo estaría al frente del Gobierno del Estado todo el periodo y abría la puerta para que Jesús Reyna buscara ser su sucesor. Pero con la enfermedad de Fausto y el interinato de Reyna las cosas han cambiado. Jesús Reyna ya no puede ser candidato a la gubernatura en el 2015, ha quedado impedido constitucionalmente y ha tenido que asumir el desgaste y enfrentar serios problemas ante la ausencia de Vallejo.

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 Al conocerse la gravedad real de la enfermedad y producirse la ausencia del mandatario electo, hubo un nuevo pacto entre estos políticos que no ha salido bien. Dan fe de ello la incertidumbre en los plazos de las licencias, los cambios en el gabinete, las secretarías acéfalas, las declaraciones de los familiares de Vallejo y finalmente el anuncio personal de su regreso y el silencio que al respecto guarda, no solo Jesús Reyna sino su Secretario de Gobierno Jaime Mares.

La opacidad en torno a la enfermedad de Fausto Vallejo solo le sirve a él mismo, le da un margen de maniobra que el reconocer su enfermedad o definirse sobre su regreso le arrebataría. Se ha valido de la especulación para mantener su poder de negociación. Eso solo lo hace quien no esta satisfecho con el arreglo alcanzado. Jesús Reyna ha sido impecable en su institucionalidad hacia Vallejo pero en algún punto necesitó – sigue necesitando – tomar en sus manos el gobierno, con todo lo que ello implica, y en algún punto de esa asunción de atribuciones, ha incomodado a Fausto – o a sus allegados – al punto de decidir su regreso sin importar las condiciones en que se encuentre, ni el tiempo que pueda despachar como gobernador.

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El simple anuncio abre una nueva ronda de negociaciones sobre la conducción del gobierno en Michoacán. Las preguntas son muchas: ¿Regresa realmente Fausto Vallejo? ¿Cuál es el papel de Jesús Reyna en este caso? ¿Cómo se cubrirán las vacantes en el gabinete? ¿Qué pasará si Fausto Vallejo no puede desempeñar el cargo? ¿Se ausentará de nuevo? ¿Qué ocurre en ese caso?

Las consecuencias son mayúsculas. En tanto se resuelve la disputa palaciega, los asuntos del gobierno michoacano se administran hasta donde la incertidumbre deja. En particular el refinanciamiento de la deuda, que es el principal problema del estado, sigue y seguirá detenido. La seguridad pública está en manos de la Federación, que no se ocupará de los temas que corresponden al fuero común como el robo o la extorsión. Por supuesto la agenda de desarrollo económico y la obra pública se mantienen al mínimo, en principio por falta de recursos, pero también porque no hay un rumbo definido.

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Todo esto solo es en perjuicio de los ciudadanos. Decía yo al comienzo de estas líneas que me extrañaba de Fausto. Me extraña de él y me extraña del PRI. Los que se consideran así mismos como maestros de la operación política, los eficaces, los experimentados, enfrentan una crisis producto de la falta de acuerdos mínimos y del uso del espacio público como un campo de batalla para la defensa de sus intereses, y los daños colaterales de esta batalla los estamos padeciendo todos. La parte más inquietante es que esto no se resolverá durante la presente administración, no hay forma. Parece que los michoacanos tendremos que aguantar hasta el 2015 y fijarnos muy bien a quien le damos nuestro voto entonces.