El PAN y el Acuerdo por Michoacán: es hora de irse

Cuando el pasado 29 de agosto se firmó el Acuerdo por Michoacán yo dije que era forma sin fondo, un cascarón que apenas enlistaba algunas tareas básicas del Gobierno Estatal y pretendía vestirlas de grandes acuerdos políticos. Con la ausencia del PRD y la irrelevancia del resto, el PAN fue entonces el ancla del acuerdo. Durante dos meses el instrumento no ha reportado un solo avance y hoy la política estatal, con el regreso de Fausto Vallejo a la gubernatura, ha sufrido un profundo reacomodo que incluye la salida del impulsor del Acuerdo, Jesús Reyna, no sólo de la gubernatura sino de la Secretaría de Gobierno. A mí me parece natural que los ciudadanos nos preguntemos por la vigencia y viabilidad del Acuerdo. Pero especialmente para el PAN, repensar su permanencia en el mismo es obligatorio.

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Fausto Vallejo desde su regreso a la gubernatura apenas se ha referido al Acuerdo por Michoacán. En entrevista ha dicho que si “falta alguno” en clara referencia al PRD, no se puede hablar de un gran acuerdo. En esto tendría razón si el Acuerdo estuviera en proceso de firmarse, pero en la circunstancia actual esta afirmación es más un desprecio por los firmantes, que un guiño a los que desairaron el instrumento, lo cual además hace sentido con dos hechos directamente vinculados a la licencia de Fausto Vallejo. Fue el PRD quien se unió al PRI para prorrogar su licencia y fue Fidel Calderón, en su carácter de Presidente de la Mesa Directiva del Congreso quien facilitó su reincorporación como gobernador. Aunado a las declaraciones sobre la honorabilidad de Leonel Godoy, es claro donde busca el gobernador a sus aliados.

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El PAN, acertadamente, ha mantenido una postura mucho más incisiva sobre el regreso de Fausto Vallejo. Ha subrayado la necesidad, la obligación moral que tiene el gobernador de decir la verdad sobre su estado de salud y el daño que la incertidumbre sobre su permanencia y aptitud le provoca al estado. Me parece que ningún pacto que omita la condición del gobernador Vallejo y las medidas a tomar para dar gobernabilidad ante una nueva ausencia es insustancial.

Por otra parte, justo después de la reincorporación de Fausto Vallejo se desató una serie de eventos desafortunados de violencia del crimen organizado contra la población civil, que el mandatario estatal desestimó. Mientras el PAN habla de terrorismo, el Ejecutivo dice que es vandalismo. Los michoacanos son muy inquietos dice Vallejo Figueroa. La diferencia es fundamental. ¿Cómo podemos estar en un Acuerdo ante una visión divergente para abordar estos hechos tan graves?

Particularmente el tema del crimen es siempre delicado. No podemos olvidar que el PAN en su momento acusó al PRI y al propio Vallejo de haber ganado la elección con ayuda de la delincuencia organizada. De hecho la excandidata y senadora, Luisa María Calderón, una de las firmantes del acuerdo,     no ha quitado el dedo del renglón y recientemente desató la furia del recién llegado gobernador, quien en sus más tempranas reacciones la llamó miserable y enferma del alma, y se refirió a su cuestionada victoria electoral como un hecho que genera el rencor del panismo. El PAN fue generoso al dejar atrás el tema de la legitimidad del gobernador y la limpieza de la elección, y hoy ante un cuestionamiento, es Fausto Vallejo quien fustiga al PAN con un tema del que no saldrá bien librado si se debate abiertamente. ¿Se puede estar en un acuerdo con una contraparte así?

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Por otro lado, la parálisis del Gobierno Estatal se ha profundizado. No sólo los nombramientos de los titulares de la Procuraduría de Justicia y la Secretaría de Administración y Finanzas no han ocurrido, sino que se avizoran relevos en áreas fundamentales del ejecutivo como la misma Secretaría de Gobierno o la de Educación, con lo que la crisis del gobierno local puede agudizarse. Eso sin considerar que al interior del gabinete y del PRI hay una disputa por el poder entre dos grupos antagónicos.

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Yo creo que el PAN participó originalmente del Acuerdo por la inercia que sobrevalua los consensos, y cuya mayor debilidad es menospreciar los principios. La sociedad busca claridad en los actores políticos. No podemos decirle a todo el mundo, todo el tiempo, todo lo que desea escuchar. Quien sostiene posiciones claras se arriesga a no complacer, pero quien no toma definiciones se arriesga a perder su identidad.

El PAN se desdibujó peligrosamente tras su paso por el Gobierno Federal y con el Pacto por México a veces luce irreconocible. En Michoacán no debe exponerse a ser comparsa de un gobierno errático y débil, que no se pronuncia con firmeza sobre los asuntos que más preocupan a los michoacanos y que es incapaz de cumplir con sus funciones elementales y de resolver los grandes problemas del Estado.

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Los tres problemas del PAN

Hace un año en esta misma columna, en la ocasión de un aniversario más de la fundación de Acción Nacional, recapitulé algunas razones por las que el PAN ha sido valioso para México. He releído mi texto antes de escribir estas líneas y confirmo lo dicho. Pero un año después, quiero referirme a tres grandes pendientes que Acción Nacional tiene consigo mismo y con los mexicanos a los que debe servir de vehículo para intervenir en la vida pública. Así me atrevo a plantear los tres vicios que para mal han cambiado al PAN en los últimos 15 años y que lo han alejado del ideal ciudadano de sus fundadores, y peor aún, de sus electores.

En cuanto a reglas y procedimientos, la democracia es sencilla y el autoritarismo complejo. Con esa regla puedo afirmar que el PAN es cada vez más autoritario. Comisiones, reglamentos e instancias hacen de la vida institucional panista un laberinto para el que ningún ciudadano común está preparado. Las dirigencias panistas han edificado una muralla burocrática muy difícil de penetrar con la que sostienen arbitrariedades hasta las últimas consecuencias. No es casual que el PAN es el instituto político con más litigios iniciados por sus militantes ante el Tribunal Electoral. Las designaciones de candidatos y la imposición de la armonización estatutaria no hubieran ocurrido sin el grueso y tramposo capullo de procedimientos, trámites, instancias, plazos y callejones sin salida que las protege.

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El capítulo más lamentable de la autoritaria complejidad burocrática del panismo es su proceso de afiliación. A mi juicio para ser panista debiera bastar querer ser panista. Pero para manifestar esa voluntad, cada vez más escasa, hay que atravesar un largo proceso marcado por la desconfianza y la incertidumbre, que provoca que las únicas afiliaciones que prosperen sean las de origen corporativo y no las de los ciudadanos independientes.

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Pasemos a otro problema. Nadie como los panistas conoce el poder de la democracia, y por eso en el PAN hay un miedo creciente hacia la democracia. Alejados de demagogias, ser demócrata no es más que ajustarse a la regla de la mayoría. Ante cualquier decisión, todos los integrantes de un conjunto social votan, los votos se cuentan bien y gana el que tiene más. Cuando aparecen reglas que cambian principios como el de una persona un voto, o cuando ciertas decisiones se limitan a elecciones por delegados o quedan reservadas para cuerpos colegiados supuestamente representativos, hay que revisar muy bien, pues es muy posible que las cosas se tuerzan en el camino.

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Es lo que sucedió con la reforma estatutaria. Sí elegiremos al Presidente y al Comité Ejecutivo Nacional por voto directo, pero ahora existirá una Comisión que elige el Consejo Nacional y que tiene todas las atribuciones que antes tenía el CEN. Sí los militantes votan para elegir consejeros nacionales, pero por delegados y uno de cada cinco integrantes del Consejo no son electos. Sí votamos para elegir candidatos, siempre y cuando los distritos o los municipios no se reserven por razones misteriosas, y a sabiendas que la Comisión de Elecciones quita y pone votos a placer a la hora de los recuentos.

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Finalmente me referiré a un cambio de ánimo en los panistas. Cuando yo me afilié hace 18 años nadie pedía incondicionalidad y nadie estaba dispuesto a darla. Hoy es la regla. La lealtad entre grupos se exige y la independencia se castiga, la lealtad hacia el grupo se ha puesto por encima de la lealtad a la institución, por encima de la honestidad intelectual y hasta de la libertad personal. Se han diseñado estructuras y mecanismos para adquirir y preservar lealtades. La incondicionalidad se cambia por privilegios de todo tipo, y cada proceso interno es una guerra civil sin tregua y sin campo común.

Estos tres problemas, burocratismo, temor a la democracia e incondicionalidad a cambio de prebendas, han desdibujado al PAN. Y casi todos los liderazgos partidistas somos corresponsables de ellos. Son tres vicios que nos distancian del ciudadano independiente que durante mucho tiempo nos dio su voto, pues atentan contra los fundamentos de una sociedad abierta. Hoy libertad, justicia y honestidad son valores a la baja en el PAN, más bien se habla de lealtad, institucionalidad o equilibrio, lindos eufemismos para los problemas que he referido. Estos problemas no son los más evidentes, pero son los que subyacen a nuestra crisis y los nuevos códigos no escritos del panismo.

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Hablar del PAN siempre me acelera el corazón. Son años y experiencias, alegrías y tristezas que no se dejan atrás a la primera. A pesar de mi indudable militancia, trato de ser intelectualmente honesto, porque en política, si bien hay lugar para las convicciones y hasta para las pasiones, no lo hay para el cinismo y la mezquindad, ni para el fanatismo y la cerrazón. Militar no es abdicar de la conciencia ni renunciar al pensamiento. En su 74o aniversario, la doctrina humanista de Acción Nacional está vigente y es innegable su contribución histórica para un México más libre y próspero. Pero el PAN que necesita nuestro México es uno de mujeres y hombres capaces de pensar en libertad y de defender su pensamiento de los intereses coyunturales de los grupos que dominan su vida interna y que lo tienen en permanente agitación. México necesita al PAN del ideal ciudadano, al PAN de la libertad, la justicia y la honestidad.

La forma sin fondo o el Acuerdo por Michoacán

No conozco casi a ningún político – y ciertamente a ninguno del PRI – que no recite como si fuera el Credo la frase de Jesús Reyes Heroles,       “la forma es fondo”. Este distinguido hombre de indudable valía y mérito, es lo más parecido que puede tener un partido sin ideología, a un ideólogo. Significa que el protocolo y la manera de procesar una decisión pública es tan importante como su contenido, que el continente vale tanto como el contenido o que la articulación y difusión del mensaje es tan relevante como el concepto.

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El PRI es el maestro de las formas políticas, las formas priístas son reconocibles para bien y para mal en la política mexicana, como rituales que han llegado a confundirse con los rituales institucionales dado su prolongado dominio de los poderes públicos. Sin embargo, las formas no bastan como han descubierto los priístas tras su regreso al poder.

El Acuerdo por Michoacán es una historia que ejemplifica esto. Firmado apenas el pasado 29 de agosto, cuando han transcurrido más de 18 de los 44 meses que durará la actual administración, es tardío para cualquier gobierno, con mayor razón para uno tan breve, pero no del todo inoportuno si asumimos que Fausto Vallejo no regresará, y que Jesús Reyna está tomando las riendas del gobierno y relanzando una agenda para lo que será su gobierno.

Mas que un acuerdo, el documento que ha sido signado por diferentes actores, es una agenda. A diferencia del Pacto por México que se refiere a asuntos que al inicio del gobierno de Peña estaban detenidos por falta de consenso para ser aprobados en el Congreso de la Unión, en el caso local no hay iniciativas cuyo trámite se encuentre detenido en el Congreso del Estado por falta de acuerdo. Los grupos parlamentarios opositores al del Gobernador han sido obsequiosos en la aprobación de los temas más polémicos como la restructuración de la deuda pública y la adquisición de nuevos empréstitos, y aun cuando el acuerdo enuncia 16 acciones que implican nuevas leyes o modificaciones a existentes, 3 de las cuales requieren cambios constitucionales, ninguna ha sufrido el rechazo previo de las bancadas.

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Es evidente que si de las 57 acciones propuestas 41 corresponden exclusivamente al ámbito del Ejecutivo Estatal, el documento firmado dista mucho de requerir el concurso de otros actores. Es una agenda, un plan de gobierno, una hoja de ruta, el hilo conductor que ciertamente le ha faltado a la errática administración estatal encabezada por un enfermo Fausto Vallejo primero y un acotado Jesús Reyna después, o al menos acotado hasta hace muy pocos días.

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Si estamos ante un plan de gobierno para los restantes 25 meses, debemos preguntarnos a donde se dirigen los esfuerzos de la administración. ¿Qué es lo que se pretende alcanzar? Si atendemos a los ejes propuestos en cuanto a su número de acciones el más nutrido es el denominado Administración, Finanzas, Transparencia y Rendición de Cuentas (15) lo que confirma que el principal reto del Gobierno del Estado es superar su disfuncionalidad y corrupción. El de Gobernabilidad (11) reitera este hecho: establece acciones elementales de las que se habla desde hace meses, pero además carece de concreción pues sus puntos tienen que ver con diseñar la estrategia y la agenda, mas que con las soluciones de fondo.

Los ejes de Desarrollo Económico y Educación empatan también con 11 propuestas. El primero va a los lugares comunes fomento, infraestructura, nuestro caballito de batalla el Puerto de Lázaro Cárdenas y de lejos algunos los productos agropecuarios. El último retoma los recientes puntos del conflicto con el magisterio y las normales y la adecuación de la reforma educativa. Su mayor mérito es que asume la necesidad de revisar la situación financiera de la Secretaría de Educación y la Universidad Michoacana.

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Mención especial merece la pobreza conceptual del eje de Desarrollo Social, solo 5 propuestas y nada relevante, se limita a decir que aprovechará la Cruzada contra el Hambre, caótica estrategia sin dinero del Gobierno Federal que solo incluye a siete municipios. Los temas urbanos están ausentes, la migración también, la vivienda no se menciona, los temas forestales y el medio ambiente tampoco, del agua ni una palabra, del turismo solo el sambenito de pensar y hablar positivamente.

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Otro asunto es quien firmó y quien no. Hace unas semanas el PRD votó sorpresivamente por renovar la licencia a Fausto Vallejo y el PAN se negó por falta de información. Ahora el PAN firma un Acuerdo insustancial lleno de vaguedades que competen al Ejecutivo y el PRD se niega arguyendo formalismos. Las oposiciones están tan confundidas como el gobierno. Están desperdiciando la única oportunidad que las ha dado y que probablemente les dará el Ejecutivo de discutir su agenda pobre, mediocre y extraviada. El gobierno se confeso desarticulado, incapaz, corrupto y le han dejado salir intocado y hasta fortalecido.

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Concluyo: el Acuerdo por Michoacán no es tal, es apenas una agenda escueta de acciones que debieran ser obligatorias para un gobierno mediano. Revelan sus graves problemas y sus pocas capacidades, pero una oposición y otra han dejado pasar increíblemente la ocasión. Todos están fascinados por el protocolo, confundidos entre la forma y el fondo, sin advertir que entre las manos tienen un cascaron vacío. Lástima que Reyes Heroles nunca tuvo ocasión de completar su sentencia: el fondo no sólo puede ser forma.

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El impacto político de la reforma energética

Kramer vs. Kramer o Cárdenas vs. Cárdenas, podríamos llamar al episodio de los días pasados en la opinión pública pues con la estrategia elegida por el gobierno de Peña Nieto para defender su propuesta de reforma energética, al igual que en aquella celebrada cinta de 1979, se disputa la custodia de un hijo: la soberanía petrolera. Por un lado la invocación priísta de uno de sus artífices, creador de los sectores del partido y precursor del moderno presidencialismo y hasta la ruptura en los años 80 tótem del partidazo. Por el otro lado, el hijo del General invocado, el líder olvidado y rescatado tras la partida de AMLO, el de la ruptura con Salinas, el histórico defensor del petróleo por herencia y por gesta propia.

El equipo de Peña sin duda experto en manejar la opinión pública, sembró con su alusión cardenista una vacuna contra el liderazgo de Cuauhtémoc encabezando la resistencia del PRD y envía un mensaje directo a ese más de 60% de mexicanos que rechazan la “privatización” (lo que sea que quiera decir) para que (quizá contradictoriamente) en otra encuesta un equiparable más de 60% apruebe su propuesta de reforma (con poquísimo o ningún conocimiento) en sólo unas semanas.

Pero la posición del PRD le resulta completamente favorable al gobierno de Peña, con lo cual la hipótesis de que el Pacto por México sobrevivirá al desacuerdo de la Reforma Energética toma fuerza. La oposición a la reforma propuesta realizando consultas, planteando una iniciativa alterna, votando en contra en los órganos legislativos y hasta la propuesta de un referéndum revocatorio en el 2015 permite procesar el acuerdo institucionalmente frente a la protesta callejera y de absoluto rechazo que plantean AMLO y su Morena. Esto beneficia a ambos actores, pues el gobierno saca su reforma y el PRD se diferencia de su antiguo candidato (se quita la imagen de rijoso y negativo) con quien se disputara los votos de la izquierda en las elecciones del 2015.

El PAN por su parte, al presentar su iniciativa primero, tuvo su momentum, que se ha agotado tras la presentación de la iniciativa presidencial. Sin embargo, su posición favorable a modificar la Constitución le dará un nuevo periodo de protagonismo cuando la discusión parlamentaria se realice, y además obtendrá si no todos los cambios que desea en materia política, algunas modificaciones sustanciales al diseño institucional del país tendientes a limitar la influencia de los gobiernos, especialmente de los gobernadores, en los procesos electorales.

La reforma energética es indispensable para el país por una sola razón: no tenemos ni el dinero ni la tecnología para extraer el petróleo y el gas natural que ciertamente tenemos en abundancia. El dinero lo podemos obtener trayendo capitales privados del extranjero o prescindiendo de uno de cada tres pesos del gasto público de todo el país. La tecnología sólo podemos adquirirla de otras empresas, Pemex tardaría demasiado en desarrollarla, probablemente hasta 30 años, contra los aproximadamente 10 años que tomaría alcanzar la explotación plena de los yacimientos con la intervención de contratistas.

El PRI pagará la mezquindad de haberle negado a Calderón la reforma energética en el 2008 pues no podrá cosechar en este sexenio, más que una parte magra de los frutos económicos y de gasto público disponible que propiciará la reforma. Serán las administraciones siguientes, especialmente a partir del 2025, los que se beneficiarán más de lo que hoy se está reformando. Esto debería alentarnos, pues representa un caso extraño que la clase política, o una parte de ella, sea capaz de ver ya no digamos a más de una década de distancia, sino más allá de la siguiente elección.

La reforma constitucional quedará aprobada antes de terminar el año, pero las leyes secundarias tardarán un poco más. También vendrá la propuesta de reforma hacendaria, la cual someterá nuevamente al país, a los actores políticos y al Pacto por México a una enorme tensión. Lo previsible es que el Presidente Peña proponga básicamente lo que su partido le negó primero a Fox y luego a Calderón: IVA generalizado, lo cual también sería bueno para la economía y las finanzas públicas.

Pero la ruta política aun no puede considerarse despejada –literalmente – pues López Obrador no abandonará la escena tan fácilmente y estas reformas han sido sus banderas durante largos años. Y para engrosar su movimiento cuenta con movimientos radicales como la CNTE que sigue en pie de guerra contra la reforma educativa cuyas leyes secundarias no se han expedido y los sindicatos que buscan reivindicación por la aprobación de la reforma laboral en los últimos meses del gobierno de Calderón.

El peor subproducto de todo este conflicto es que, como en el 2012, las posiciones se polaricen en torno a AMLO y Peña Nieto, borrando a los moderados de izquierda (PRD) y a la derecha liberal democrática que se encuentra en un ala del PAN, lo que llevaría a una elección intermedia en el 2015 muy conflictiva y a la integración de un Congreso menos proclive a los acuerdos para la segunda mitad del sexenio.

Esto explica porque todos los actores tienen prisa, por que se firmó el Pacto, por que se ha mantenido y puede mantenerse en el mediano plazo. Más que la habilidad que presumen los operadores del PRI, vivimos a pesar de todo una alineación de intereses de los actores hacia la moderación y el consenso, una pequeña ventana que no se presentaba desde mediados de los años 90 y que esperemos se aproveche al máximo antes de que nuevamente domine el sonido de los tambores de guerra.

Tres segundos

Tres segundos bastaron el sábado pasado en la Arena Ciudad de México para que la XVII Asamblea Nacional Extraordinaria del PAN tomara un rumbo inesperado. El acto fue la continuación de los trabajos del 16 de marzo que se quedaran en suspenso cuando, tras de que la propuesta de Javier Corral para que el Comité Nacional y los comités estatales del PAN sean electos por voto directo de la militancia prosperara para sorpresa de todos y el quórum se rompiera.

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Aquel día Gustavo Madero emprendió una fuga hacia adelante, vio a donde marchaban los panistas y se puso al frente de una reforma que no era suya y en la que nunca había creído, hasta ese día. La estrategia funcionó. Con la suspensión de la Asamblea ganó tiempo y propuso su “armonización” con el resto del texto estatutario no tocado, porque la reforma había sido un vendaval. Pero la armonización era tramposa. No sólo ajusta los detalles sino que limita en forma sustancial las facultades del Comité Ejecutivo Nacional y los directivos estatales. Reduce el terreno ganado por la militancia, que ahora elige gerentes más que presidentes y se lleva todas las facultades importantes a un nuevo órgano creado a imagen y semejanza de los anteriores y poderosos comités: las comisiones permanentes.

Don Gustavo y su equipo operaron. Ondearon la bandera de dar el poder al militante y pusieron en práctica la lección de El Gatopardo, la magistral novela de Lampedusa   , que se resume en una sentencia: que todo cambie para que todo siga igual. Realizaron giras por todo el país, llevaron delegados en camiones, contaron con edecanes que repartieron volantes, camisetas y calcomanías, y lo más importante idearon un procedimiento inédito de votación: la armonización no se podía discutir artículo por artículo. Se aceptaba o se rechazaba en su totalidad.

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Por eso algunos nos opusimos a ella. Por qué escamoteaba parte del terreno ganado por la militancia, porque daba continuidad al elitismo que se pretendía extinguir, porque engañaba, por gatoparda. Ya en la Asamblea y en mitad de las intervenciones a favor y en contra de la armonización, los opositores fuimos los primeros en sorprendernos que la aprobación no era cosa segura y que la tradición asambleísta del PAN jugaba contra las maniobras de la dirigencia. Los discursos terminaron y los delegados estaban polarizados. El “Sí” requería mayoría de las dos terceras partes de los presentes para prosperar.

Entonces vinieron los tres segundos.

Después de pedir que se manifestarán los delegados levantando cartones de “Sí” y “No” a nuestro paisano Marko Cortés, que conducía la Asamblea, le bastaron tres segundos, sin consultar a los escrutadores ni a nadie, para contar los más de cinco mil votos que se alzaban en las manos de otros tantos delegados y decretar que el proyecto de armonización contaba con la mayoría requerida, además con una frase ignominiosa: “¡Felicidades, evidente mayoría!”.

No tengo duda de que se felicitaba a sí mismo, felicitaba a su mentor y protector Gustavo Madero y a los miembros de su grupo. No podía felicitar a la militancia, lo sé por lo que ocurrió después. De inmediato las protestas empezaron a brotar espontáneamente, no tanto por el resultado como por el atropello. La simple mayoría no era evidente, la de dos tercios era inaudita. Lo único evidente era una burda maniobra para sacar adelante el proyecto de armonización a cualquier precio. Y así fue.

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A partir de ese momento la mesa directiva de la Asamblea quedó envuelta en una cápsula  a prueba de realidad. Primero argumentos, luego reclamos, súplicas, insultos, burlas. Al final consignas de “fraude” y “fuera” acompañadas de proyectiles varios como pedazos de fruta, bolas de papel y latas de refresco. Nada fue suficiente para provocar, ya no digamos el exigido voto por cédula o al menos un recuento. El zafarrancho en que intervino la seguridad de la Arena y en que hubo más de un golpeado, no pudo arrancar siquiera una explicación o una respuesta. Los integrantes de la mesa leyeron mecánica y velozmente el guión de la Asamblea ignorando cuanto ocurría. Absolutamente todo. Una oradora los diagnóstico con precisión: “ustedes ni nos ven, ni nos oyen”.

Al final, cantaron el himno y difundieron su beneplácito por todos los medios, del aplauso al tuiter, con indiferencia y desprecio hacia un grupo nutrido de panistas. La estrategia sigue y seguirá, nos tratarán de convencer que allí nada pasó y de su mundo rosa.

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La Asamblea probablemente será menos impugnada de lo que cabría suponer porque la Reforma, reducida y maniatada, gatoparda, es mejor que el Estatuto que le precede. Es mejor elegir comités débiles que no elegirlos, es preferible lidiar con las comisiones permanentes que con los actuales órganos directivos. A menos que el plan de armonización incluya que la reforma fracase en los tribunales. Después de lo vivido, creo en los complots. Así que el futuro es incierto. Esta incertidumbre que pudo evitarse con un poco de prudencia es uno de los mayores daños a la institución. Los procesos que vienen serán sin duda conflictivos y alejarán al PAN de los ciudadanos.

A pesar de la sistemática negación, Gustavo Madero y el CEN perdieron el sábado. Perdieron ganando, pues su victoria fue pírrica. Perdieron la medalla de ser los democratizadores del PAN, perdieron su imagen conciliadora, mostraron su vena autoritaria y su mediocridad, pues las pérdidas no son producto de una ofensiva orquestada por sus adversarios, sino fruto de su impericia y soberbia, llevadas al máximo durante tres segundos.

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