¡Fuera!: Arrancaron las campañas

Han iniciado las campañas a la gubernatura en Michoacán y las campañas de los tres principales contendientes, empiezan a tomar su tono y sus alcances comienzan a perfilarse. Es un proceso muy interesante, pues al arranque pareciera existir un consenso en torno a que la elección inicia a tercios y que si bien existen diferencias en las preferencias electorales, nadie tiene una ventaja decisiva ni se encuentra en una posición que no pudiera remontar hasta obtener la victoria.

Desde un punto de vista exclusivamente del proceso de campaña, se aprecian diferencias que serán importantes. Los candidatos y sus equipos hacen apuestas muy diversas. Por ahora ninguno de los tres ha realizado propuestas específicas, por ahora están definiendo posicionamiento y estableciendo su discurso. Hay que decir también que ninguno de los tres asume de entreda ningún riesgo. La imagen y slogan de todos los candidatos se encuentran en el rango de lo convencional, por no decir de lo aburrido.

Silvano Aureoles ha optado por una campaña festiva y colorida. Bajo la premisa de que ganará, pretende desvincularse de los atributos negativos del PRD, sumando además a otros partidos. Sin embargo, además que la efectividad de sus alianzas es poco clara, su campaña pareciera tener una perspectiva estratégica confusa, pues su ventaja, de existir no es tan amplia como para celebrar anticipadamente una victoria, su discurso es el menos claro, el más vacío y el dispendio de recursos ha comenzado a pasarle factura, lo que lo obligaría a modificar su estrategia y entrar en un terreno de mayor desgaste para el que no está preparado.

Luisa María por el contario echa mano de su credibilidad y la legitimidad que los hechos le dieron. Dejada de su partido y con pocos recursos busca poner creatividad y originalidad. Trata de compensar las debilidades en torno a su campaña con sus fortalezas personales, sin embargo, su apuesta de slogan y discurso no aprovecha las circunstancias a plenitud y se queda en lugares común. Le falta atrevimiento, frescura, le sobra corrección. Quiere hacer de la necesidad virtud en cuanto a sus limitaciones presupuestales pero al titubear, falla. Luisa María no tiene a su partido, pero no se resigna a ello, a pesar de que la dirigencia y no pocos candidatos de éste son un lastre, un estorbo.

Ascención Orihuela parece que ha entendido mejor que nadie su circunstancia. Se sabe en desventaja y rema contra corriente. Parte del descredito del gobierno de Vallejo – Reyna – Jara y sufre el peor momento de la aprobación del presidente Peña y del PRI en un largo tiempo. Sin embargo, ha logrado cerrar sus frentes internos, seleccionar candidatos competitivos y se ha dado tiempo de sumar a disidentes de otros partidos. La imagen no es lo suyo, pero los mensajes en clave política sí. Falta ver si logran que la unidad del PRI se sostenga en los hechos y si la apuesta por un slogan más bien opositor, resulta creíble y no cínica.

 El arranque de las campañas marca, pero aun nada está decidido. Creo que el cierre no será de tres, sino de dos y que uno de estos se empezará a rezagar en los primeros 20 días. Hoy, contienden tres con posibilidades, veremos que sucede al calor de la campaña.

Votos andaluces, encuestas mexicanas

El cambio político es muy difícil. Contrario a lo que pudieran hacer pensar las muestras de descontento social y el desacuerdo con las gestión gubernamental, los cambios en la clase política necesitan de una larga gestación y de muchas coyunturas favorables para concretarse. Las crisis políticas no siempre se traducen en cambios electorales, y eso pareciera estar ocurriendo en nuestro país. Ciertamente la crisis política le ha pasado factura a la popularidad del Presidente Peña y a la identificación con el PRI, pero si hoy fueran las elecciones, el equilibrio de fuerzas en la Cámara de Diputados se mantendría intacto.

Algo parecido ha pasado en Andalucía donde las elecciones locales se vaticinaban inéditas por el ascenso de nuevas agrupaciones políticas, en particular de “Podemos” el colectivo que entre numerosas polémicas se ha convertido en la tercera fuerza política de España, desplazando a fuerzas tradicionales como Izquierda Unida. Sin embargo, a pesar que en esa elección del pasado domingo el Partido Popular (el partido de Mariano Rajoy, actualmente en el gobierno central) sufrio un duro revés, tampoco puede decirse que el bipartidismo español esté a las puertas de la debacle. Los socialistas, retuvieron el gobierno andaluz y su retroceso es apenas significativo. La sorpresa la dio otra fuerza política recién creada “Ciudadanos” que se convirtió en la cuarta más votada, disputándole el nicho de los independientes e indignados a “Podemos”.

¿Por qué traigo a cuento una elección al otro lado del Atlántico? Porque las encuestas recientemente publicadas por diferentes firmas mexicanas, más que anticipar que la crisis política que vivimos se convierta en un punto de inflexión en la vida pública, parecen indicar que se presentará una continuación del actual status quo: el PRI con sus aliados se mantendría como fuerza mayoritaria, seguido del PAN y por otro lado, todas las fuerzas de la izquierda, ahora divididas y enfrentadas matendrían, balcanizada pero suya, una importante porción del electorado.

En este sentido, México se encuentra muchos más atrás que España en materia de cambios políticos. De los partidos que participarán por primera vez en la elección de este año, el único que tiene en algunas encuestas más de un dígito de intención de voto es Morena, pero de ninguna manera representa una novedad, es la alternativa lopezobradorista desvinculada del PRD ahora en manos de “los chuchos”. Es decir, que no hay una fuerza política que sea disruptiva en el sistema de partidos, para el que la única amenaza pudieran representarla algunas candidaturas independientes que tienen probabilidades de éxito como la de Jaime Rodríguez “El Bronco” en Nuevo León o la de Alfonso Martínez a la alcaldía de Morelia.

En este contexto, el proceso electoral tendrá un efecto limitado en cambiar el rumbo del país, y esto generará desánimo y frustración entre aquellos que desean un cambio de rumbo más drástico e inmediato. En México faltan apuestas ciudadanas más atrevidas, de mediano plazo y menos condecendientes con los gobiernos en turno. En tanto, seguiremos padeciendo a los mismos.

La paradoja partidista

Si preguntamos, ya sea en una encuesta formal o por nuestra cuenta para matar el tiempo, cuál es el mayor mal de la democracia en México – y hasta en México a secas – la respuesta más probable es: “los partidos políticos”. Beneméritas instituciones que no han frenado su caída en las encuestas que miden la confianza ciudadana, en todo el mundo, y que a pesar de su profunda crisis de credibilidad, no solamente están más fuertes que nunca, sino que parecen destinados a mantenerse como los pilares de la vida pública, a pesar de las escaramuzas antipartidos cada vez más frecuentes.

La verdad es que nada debe de extrañarnos. La democracia representativa, la forma política que domina el mundo occidental desde finales del Siglo XIX y hoy la más extendida del mundo, está concebida desde y para los partidos políticos. En México la falta de partidos se advertía como un problema a principios del Siglo XX y la debilidad de los partidos opositores fue un obstáculo para la democracia durante buena parte del mismo. De hecho la transición a la democracia mexicana puede leerse como el proceso de empoderamiento de los partidos – distintos al PRI – hasta volverse competitivos y la reingeniería del PRI para transitar de secretaría de estado a fuerza política.

Los partidos políticos mexicanos llevan casi medio siglo acumulando fortalezas y privilegios: diputados federales de partido, más tarde de representación proporcional, después diputados locales, regidores y senadores electos por el mismo principio, financiamiento público, tiempos oficiales de radio y televisión, participación en la integración de órganos y tribunales electorales, control del Poder Legislativo, y participación en la negociaciones donde se decide el destino de la Nación.

La disyuntiva es, si no es posible una democracia sin partidos, paradójicamente, ¿nuestra democracia es posible con estos partidos? La ruta de la partidocracia en que nos hemos convertido pareciera, al mismo tiempo agotada y enrutada a la permanencia, lo cual es peligroso pues normalmente las rupturas que se han presentado a situaciones semejantes en otros países, han sido revoluciones seguidas – como siempre – de tiranías.

Los partidos han acumulado privilegios que no están dispuestos a perder y por ello ante cualquier iniciativa que amenace el status quo reaccionan con violencia, sean nuevos partidos, candidaturas independientes o movimientos sociales, la respuesta es su desarticulación y su asimilación al régimen. Así operó exitosamente el PRI por décadas. Coptaba partidos de oposición, sindicatos, gremios, medios de comunicación, asociaciones y un interminable etcétera. Ahora los partidos dominantes, todos expresiones de la misma cultura, todos asimilados al sistema, buscan coptar todo lo distinto, o bien, eliminarlo.

En México hemos transitado de un régimen en que poco importaba la ideología y el rumbo del gobierno, siempre y cuando el poder no saliera del PRI; a un régimen en que poco importa la ideología, el rumbo del gobierno y el partido que lo ejerza siempre y cuando el poder no salga de una clase política oligárquica. La elección del 2015 lo confirma, fuera de la excepción que representan los candidatos que han encontrado cobijo en partidos no tradicionales y de algunos candidatos independientes, se trata de una defensa del status quo, particularmente del que emergió con el Pacto por México y un reajuste de fuerzas para la contienda del 2018. Pero el que espere cambio –a escala nacional – de las urnas del 7 de junio es un ingenuo.

En muchos sectores sociales, incluso en los mismos partidos hay personajes, grupos y ciudadanos que no comparten la agenda de la oligarquía en turno, pero no se ve que aun tengan una estrategia común o que sus esfuerzos puedan alcanzar masa crítica en un breve plazo. Pero es necesario que quienes tenemos una visión semejante de esta necesidad de cambio institucional, de transformación del sistema de partidos, de romper este pantano de intereses y corrupción en que se ha convertido la vida pública, sin destruir el sistema democrático, empecemos a dar forma a las alternativas, antes de que la impaciencia y el malestar que están en el ánimo social, impongan soluciones no democráticas.

Michoacán el día después de Vallejo

El cambio en la titularidad del Poder Ejecutivo en Michoacán tuvo un desenlace inesperado. El nombramiento del Rector de la UMSNH Salvador Jara Guerrero como gobernador sustituto induce al error. Considero que quienes ven en este hecho una nueva etapa en la vida política de Michoacán, y se ilusionan ante la posibilidad de un gobierno sin políticos profesionales se engañan. Lo primero que hay que establecer es que el nombramiento de Jara no es fruto de una lucha ciudadana ni producto de la presión opositora, es un paso perfectamente calculado de la estrategia diseñada por el Gobierno Federal, y en particular por el Comisionado Castillo.

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A pesar de las dudas que suscita la designación de un hombre ajeno a la política partidaria y a la administración pública, y con claroscuros en su desempeño como Rector, la decisión cumple su primer objetivo: cae bien en la opinión pública, refresca el ambiente cansino y turbio que rodeó los últimos días del gobernador Vallejo. También la oposición ha validado mayoritariamente el nombramiento – quizá un dulce envenenado – pensando en la renta inmediata de la descalificación implícita de toda la clase política priísta y en la promesa de acotar la capacidad de operación gubernamental a favor del PRI en el proceso electoral.

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Ciertamente la sanción política de no designar a un militante del PRI es relevante. Es la confesión del agotamiento de una longeva generación de cuadros, que como subproducto de sus exitosas carreras inhibieron la formación de una generación que los sucediera. Caídos los grandes priístas que rondan (o superan) los 60 años de edad, prácticamente no hay cuadros con los argumentos políticos para reclamar el bastón de mando. Por eso más bien, el Comisionado, fiel además a la doctrina del peñismo, voltea a los treintañeros diputados, que si bien algunos eran cobijados por Fausto Vallejo o son herederos de algún otro líder histórico, piensan más en su futuro que en el pasado.

El nombramiento de Jara le permitirá a Alfredo Castillo desmantelar a los dos grupos dominantes del PRI, el de Jesús Reyna y el de Fausto Vallejo y reconfigurar al PRI con una generación de políticos jóvenes y provenientes de los grupos que hoy consideramos marginales. Para eso usará los espacios que se abrirán en el gabinete y las candidaturas del 2015. Nadie se sorprenda si el candidato a la gubernatura del PRI termina siendo un no militante o un joven militante que hoy no consideraríamos.

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Por otro lado los primeros nombramientos en el gabinete apuntan a que el Comisionado Castillo asume el control de la operación del Gobierno Estatal. El Secretario de Gobierno, los titulares de Administración y Finanzas, Seguridad Pública, Comunicación Social y Cocotra son del equipo de funcionarios que lo acompañó desde su llegada. La titular de la Secretaría de las Mujeres responde al perfil de cuadro priísta joven y de un grupo marginal. El Secretario de Educación es el único nicolaita sin vínculos con Alfredo Castillo o con el PRI y que va a enfrentar un reto mayor en materia política y de administración con una trayectoria casi exclusivamente académica.

Particularmente inquieta el nombramiento del Secretario de Gobierno. Si bien es michoacano, es un funcionario ligado exclusivamente a Alfredo Castillo y a la procuración de justicia. Lo cual sin duda responde a la visión de un secretario de gobierno coordinador de la estrategia de seguridad, pero que no tiene credenciales que acrediten cómo conducirá la política del estado, especialmente en la etapa que se avecina de reformas pendientes, de nombramientos importantes y de elecciones. O ante una eventual encargatura del Despacho del Gobernador.

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En lo inmediato hay que ver quienes asumen – o se mantienen – en las dependencias estatales que operan el gasto público: Cplade, Sepsol, Sedru, CEAC o Sedeco, por mencionar algunas, y cuyos los relevos formarían parte de la oferta que se habría hecho al PAN y al PRD.

Por ahora viene una etapa en que Alfredo Castillo tendrá el poder absoluto, y todas las acciones del nuevo Gobernador responderán a su lógica. Vendrá la etapa en que el Comisionado definirá el rostro que tendrá PRI para contender en las elecciones del 2015, solo entonces quizá se retirará y dejará Michoacán en manos de su equipo incrustado en la administración de Jara. Preocupa si en este contexto podemos exigir responsabilidad política de un gobernador tan débil y si la estrategia del Gobierno Federal incluye para el 2015 si no una elección de estado, sí una al estilo del Estado de México.

La inminente renuncia de Fausto Vallejo

Todo texto tiene una vigencia temporal. Algunos – los menos – son para la historia. Otros – los más – para el olvido. Este texto tendrá menos vida que algunos insectos, dentro de unas horas será obsoleto, pues versa sobre la continuidad o el retiro de Fausto Vallejo como Gobernador de Michoacán. Sencillamente plasma la respuesta a una pregunta ¿qué está en juego con la permanencia/retiro de Fausto? Como diríamos en inglés, usando un vocablo sin traducción exacta y absolutamente preciso en este caso: what is at stake?

Si sobre el caso se pudiera apostar en Las Vegas, la abrumadora mayoría sería a favor del retiro del actual Gobernador Vallejo que parece estar en jaque mate. Enfermo, con su elección deslegitimada por haber recibido el apoyo de Los Caballeros Templarios, su secretario de gobierno y principal operador sujeto a proceso por vínculo con la misma organización delictiva, con videos y fotografías de su hijo menor en compañía de Servando Gómez circulando en internet, con un gobierno quebrado, intervenido por la Federación a través de un comisionado metalegal que ejerce todos los poderes a su entera discreción y en caída libre en las encuestas de opinión pública.

Fausto está donde nunca se había encontrado, en la absoluta adversidad política y desprovisto de los recursos que siempre utilizó para impulsar su larga carrera: dinero y una opinión pública favorable. Sin embargo hay factores que contrapesan lo anterior. El primero es que la decisión de abandonar el cargo es personalísima, y con su apresurado regreso del año pasado, ya nos demostró que tiene la voluntad de mantenerse en el poder contra viento y marea. Los rumores sobre los vínculos delictivos de sus hijos no son ninguna novedad, el arresto de Jesús Reyna lleva ya varios meses y se ha deslindado hasta el cansancio.

La debilidad de su salud y la quiebra de las finanzas lo han acompañado desde que tomó posesión y la presencia de la Federación se ha vuelto parte del paisaje. Es decir, ninguno de los factores en sí mismo es nuevo, excepto la incipiente evidencia en contra de Rodrigo Vallejo y el desplome en las encuestas, que en sí mismos no le obligarían a renunciar, es decir que si Vallejo se va, será porque todos esos factores fueron evaluados y se habría decidido su salida por el Presidente Peña Nieto en persona.

Lo que también juega a favor de la permanencia de Vallejo es el análisis del día después. Primero no existe en Michoacán un político, un cuadro priísta que asuma la gubernatura y resuelva los problemas políticos existentes. Durante el gobierno de Fausto y especialmente tras el interinato de Reyna y su regreso, las alianzas que lo llevaron al poder se rompieron. Los grupos del PRI mantienen hoy una encendida disputa en Michoacán, que estaría presente en la definición de la suplencia de la gubernatura, y agravada por la intensión del Comisionado Castillo de que se designe alguien a modo.

Los personajes que pudieran ocupar la gubernatura, tampoco tienen la capacidad de revertir el deterioro que el Gobierno estatal, el PRI y sus representantes han sufrido en la evaluación de los ciudadanos, tema que sin duda tiene peso específico en la decisión. Igualmente hay que considerar el nombramiento del abanderado priísta para la elección del 2015, pues si no se opta por un personaje que sea totalmente inocuo a la definición, ésta tendría que anticiparse considerablemente.

En conclusión, la decisión no es sencilla. El apresurado regreso del chequeo médico hace pensar que la salida es inminente, pero no por ello carecería de costos. Si se da la salida quiere decir también que Fausto Vallejo ha agotado su margen de negociación y está tomando los restos del naufragio. También es evidente que no tendrá ninguna injerencia en el nombramiento de su sucesor.

El hecho marcaría también un duro descalabro para el Presidente Peña y para el Comisionado Castillo que habrían sido incapaces de detener el incendio político de uno de sus gobernadores. La llegada a la gubernatura de un interino débil, si bien marcaría la consolidación del poder absoluto en manos de Castillo, sería en forma transitoria, pues su presencia una vez iniciado el proceso electoral se antoja imposible, por lo que el nombramiento de un gobernador sustituto es el primer paso de una ruta de salida para los mexiquenses.

Y aunque éstas no son profecías, las revisamos la próxima semana.